¿En verdad existió Jesús?

 

Uno de los ataques más comunes hacia la fe cristiana es cuestionar si Jesús de Nazaret existió como figura histórica. Puede parecer un cuestionamiento tonto, pero es válido y los cristianos deben estar preparados para demostrar la existencia de Jesús de Nazaret como figura histórica.

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Para comenzar, en Lógica no es posible demostrar una inexistencia. ¿Cómo demostramos que algo no existe?, simplemente no se puede. Lo único que es posible hacer es demostrar que algo existe, o en este caso, que alguien existió. Partiendo de esta premisa, son los cristianos quienes están en la obligación de demostrar que Jesús existió como figura histórica.

La primera evidencia de la existencia de Jesucristo podemos encontrarla en la Biblia. La Biblia, antes de cualquier cosa, es un libro histórico. El Nuevo Testamento contiene 27 documentos históricos escritos por varios autores, y en todos ellos se habla de Jesús de Nazaret. Uno de los argumentos más comunes para cuestionar la existencia de Jesús es alegar que la Biblia es el único libro en el cual se habla de Jesús. Sin embargo esa afirmación es falsa, pues la Biblia no es un libro sino una colección de libros, de 66 libros en caso de las versiones que se basan en el canon palestinense o 73 en caso de las versionenes que se basan en el canon de Alejandría. El Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos, ambos escritos por Lucas el evangelista, son dos libros que tienen el claro propósito de dejar un registro histórico del nacimiento, vida y obra de Jesús, y los acontecimientos ocurridos cuando él ya no estaba en la Tierra. Ese propósito queda establecido en los primeros cuatro versículos del Evangelio de Lucas que dicen así:

Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos las enseñaron los que desde el principio las vieron con sus ojos y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.

- Lucas 1:1-4

“Teófilo” viene del latín “theos” que significa “Dios” y “filos” que significa “amor”, por lo cual en este contexto “Teófilo” no hace referencia una persona específica, sino que significa “persona que ama a Dios”.

Sin embargo, a los excépticos les parecerá insuficiente la base histórica bíblica para demostrar la existencia de Jesús como figura histórica, pues aunque se les diga que en la Biblia existen 27 documentos históricos que hablan de Jesús, insistirán que todos pertenecen a una única fuente, la Biblia, y por lo tanto insistirán en que no es una fuente lo suficientemente válida.

Por lo cual, citaremos a tres historiadores que hablan de Jesús: Flavio Josefo, Plinio el Joven, y Tácito.

Flavio Josefo (37 – 101), historiador judío fariseo, en su obra “Antigüedades judías”, en el libro 18, capítulo 3 y párrafo 3 relata:

“Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, y atrajo hacia Él a muchos judíos. Y cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la Cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron. La tribu de los cristianos, llamados así por Él, no ha cesado de crecer hasta este día”

Algunos excepticos podrán decir que Flavio Josefo estaba influenciado por los evangelios, pero en el libro 20, capítulo 9.1 relata lo siguiente:

Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento propicio. El procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, el hermano de Jesús, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados.

En el Nuevo Testamento se hablan de tres Santiagos: Santiago hijo de Zebedeo, Santiago hijo de Alfeo y Santiago el hermano de Jesús. Pero en el nuevo testamento nunca se habla de la muerte de Santiago, el hermano de Jesús (se establece que es hermano de Jesús en Marcos 6:3 – algunas versiones hablan de Jacobo, pero tanto “Jacobo” como “Santiago” son variantes españolas del nombre hebreo Ya’akov). Con esto podemos concluir que Flavio Josefo se basó en fuentes diferentes a los Evangelios para hablar de Jesús en su obra Antigüedades Judías.

Plinio el Joven (61 – 113), abogado, escritor y científico de la antigua Roma, entre los años 100 y 112 escribió una carta al emperador Trajano preguntándole acerca de cómo debía conducirse hacia los cristianos, y las medidas que como gobernador tomó contra ellos, y relata:

Y que además maldijeran a Cristo… Éstos todos veneraron tu imagen y las efigies de los dioses, y maldijeron a Cristo… dijeron que acostumbran reunirse al amanecer y cantan un himno a Cristo, casi como a un dios…

Tácito (55 – 120), historiador, senador, cónsul y gobernador del imperio romano, relata en su obra Anales, 15:44:2-3:

Por lo tanto, aboliendo los rumores, Nerón subyugó a los reos y los sometió a penas e investigaciones; por sus ofensas, el pueblo, que los odiaba, los llamaba “cristianos”, nombre que toman de un tal Cristo, que en época de Tiberio fue ajusticiado por Poncio Pilato; reprimida por el momento, la fatal superstición irrumpió de nuevo, no sólo en Judea, de donde proviene el mal, sino también en la metrópoli [Roma], donde todas las atrocidades y vergüenzas del mundo confluyen y se celebran.

Existen debates y discusiones en torno a la figura de Jesús de Nazaret. Se cuestionan algunos aspectos específicos de su vida, se cuestiona cuál fue su propósito, cuál fue su mensaje, se cuestiona si su vida y obra ocurrieron como es relatado en la Biblia, pero ningún estudioso formal dudará que Jesús fue una persona real.

Cualquier excéptico que insista en que Jesús no existió tendrá primero la obligación de demostrar que todas estas fuentes, bíblicas y no-bíblicas, no son válidas y están equivocadas; y mientras no lo demuestre, tampoco es aceptable ninguna prueba que ofrezcan en su intento por demostrar la no-existencia de Jesús.