La ley escrita en el corazón

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La imagen de arriba es una placa cercana a la tumba de Immanuel Kant, filósofo prusiano del período de la ilustración y un devoto cristiano protestante. El texto está en alemán y ruso, es uno de los pensamientos del mismo Kant planteado en la conclusión de su libro “Crítica a la razón pura” que traducido al español dice así:

Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes cuanto más reiterada y persistentemente se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado que está sobre mí y la ley moral que hay en mí.

¿Qué significa eso?, lo explicaremos más adelante. Por ahora dejamos a Kant en espera.

En el artículo anterior sobre la Apuesta Atea (le recomendamos leerlo primero si no lo ha leído) mencionábamos el interesante hecho de que los ateos también le dan importancia hacer el bien a los demás, a llevar una vida bondadosa y que incluso muchos ateos practican el nuevo mandamiento dado por Jesús de amar al prójimo.

En la Biblia, aparece mencionada la idea de una ley escrita en el corazón.

Pero éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Pondré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. – Jeremías 31:33

Luego Pablo lo menciona nuevamente en su carta a los romanos:

Cuando los gentiles que no tienen la Ley hacen por naturaleza lo que es de la Ley, estos, aunque no tengan la Ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la Ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos – Romanos 2:14-15

Sin embargo, aunque la idea de “ley escrita en el corazón” aparece mencionada en la Biblia, no aparece desarrollada. Al menos no de forma explícita. Hay algunas ideas que sutilmente las podemos vincular a la idea de la ley escrita en el corazón, como por ejemplo el mandamiento mismo de “amarás a tu prójimo como a ti mismo” pues hace una referencia al individuo mismo, pero de nuevo, ningún texto bíblico habla de este tema de forma explícita.

Este tema ha sido desarrollado de modo bastante completo por C.S Lewis en su libro “Cristianismo y nada más”. C.S. Lewis se volvió ateo en su adolescencia, luego un proceso de descubrimiento personal lo llevó a convertirse nuevamente al cristianismo y no precisamente de buena gana. Es interesante leer sus ideas pues las explica desde el punto de vista que él tenía cuando era ateo, prácticamente sin citar la Biblia. C.S Lewis habla de la “Ley de la naturaleza humana” diferenciándola de las leyes naturales en que las leyes naturales no se pueden romper ni desobedecer (así como la gravedad, no puedo escoger si caigo o no al suelo) mientras que con las leyes de la naturaleza humana se refiere a lo que es correcto o incorrecto y el hombre está en capacidad de obedecerlas o no.

La idea de C.S. Lewis es simple: todas las culturas alrededor del mundo comparten principios de lo que es correcto e incorrecto. De entrada esta idea puede resultar extraña y más de alguien podría intentar refutarla diciendo que la moral cambia de una sociedad a otra y de una época a otra. Eso es cierto, la moral es diferente, pero no encontrarán dos sociedades cuyas morales sean totalmente diferentes. ¿Existe alguna civilización en donde consideren que decir mentiras sea una virtud?, me parece que no. ¿Existe alguna cultura en donde admiren a la persona que engaña a los demás?. ¿Existe algún país donde sea un crimen devolver algo que alguien perdió?. ¿Existe algún lugar del mundo en donde consideren que hacer daño a los demás sea lo correcto?. Incluso en las religiones mismas se reflejan esos principios: todas las religiones que afirman que hay algo después de la muerte concuerdan en que ese “algo” será bueno para aquellos que hagan lo correcto y malo para aquellos que hagan el mal; ninguna religión dice que se alcanza la salvación haciendo daño a los demás. Como verán, hay principios que son universales, podrán existir algunas discrepancias sobre cómo proceder respecto a dichos principios, pero los principios bases son los mismos. Las sociedades tal vez han discreptado respecto a si un hombre debe tener una mujer o si puede tener varias, pero todas concuerdan en que los hombres no pueden andar por ahí y tener a cualquier mujer que quieran. Incluso en la Biblia aparece ese fenómeno, Jesús le dice a un intérprete de la ley que debe amar al prójimo y el otro le pregunta “¿Y quién es mi prójimo?”. El intérprete de la ley está de acuerdo con el principio, lo que cuestiona es con quién debe aplicarlo.

¿De donde viene esa ley que está en el corazón de los hombres alrededor todo el mundo?. Quizás podríamos decir que responden a instintos resultado de la evolución. El impulso de hacer el bien a los demás quizás sea un instinto que tiene el objetivo que nos conservemos a nosotros mismos como especie. Sin embargo, eso no es del todo correcto, porque la ley en el corazón a veces nos lleva a realizar acciones que van en contra de la “lógica” de los instintos. Por ejemplo, si una persona está atrapada en un edificio en llamas, la ley en el corazón puede impulsar a alguien a ayudar a dicha persona pero esa acción contradice directamente el instinto de autoconservación, con lo cual queda en evidencia que la ley en el corazón no obedece a los instintos. C.S Lewis concluye que esa ley viene de otra parte, como que algo o alguien la puso ahí.

Aquí volvemos con Immanuel Kant. Kant, a pesar de ser cristiano, enunció un modelo de ética llamado el “Imperativo categórico”, es un modelo universal aplicable a cualquier ética, a cualquier sociedad y en cualquier época. Tenía 3 formulaciones:

  1. Siempre debes actuar de modo que al mismo tiempo desees que la regla según la cual actúas pueda convertirse en una ley universal. En otras palabras, debo actuar como me gustaría que los demás actuaran en la misma situación. Esto es muy similar a lo que en el mundo cristiano se le conoce como la regla de oro.
  2. Siempre debes tratar a los demás como si fueran una finalidad en sí y no un medio para otra cosa. Eso incluye a la persona misma, no puedo usarme a mí mismo como medio para conseguir algo. Si se fijan, guarda cierta similitud con aquello de amarás a tu prójimo como a ti mismo.
  3. Siempre debes actuar como si por medio de tus acciones fueras un miembro legislador en un reino universal de los fines. Esto significa que actúemos como si fuéramos los gobernantes de toda la raza humana y que nuestras acciones dictarán las reglas por las cuales ésta se guiará, pero tomando en cuenta que un legislador se somete a las leyes que él mismo hace, en ese caso esta formulación guarda similitud con aquello de “porque con el juicio que juzgueis seréis juzgado”.

Ahora, hay cierta pregunta que en este punto el lector quizás ya se está formulando, así que la abordaremos: ¿demuestra la ley escrita en el corazón la existencia de Dios?. Tanto C.S. Lewis como Kant fueron muy prudentes a la hora de responder dicha cuestión. C.S Lewis tuvo cuidado de no precipitarse a llegar a la conclusión de que esta ley escrita en el corazón demostraba la existencia fue Dios, C.S. Lewis afirmaba que querer demostrar la existencia de Dios a partir del estudio del universo era equivalente a querer averiguar la identidad de los obreros que habían construido una casa a partir del estudio de la casa misma, y dado que los humanos somos parte de este universo aplica para nosotros también. Partiendo de la idea de que alguien nos creó y puso esa ley en nuestros corazones, eso no nos dice en sí mismo nada sobre ese alguien que nos creó. Es así como Stonehenge, esas rocas están ahí, alguien las puso ahí, pero a partir del estudio de las rocas mismas nadie ha sido capaz de averiguar quién fue. En cuanto al propósito la cuestión es un poco diferente, ¿cuál es el propósito por el cual tenemos la ley en nuestro corazón?, si alguna entidad inteligente observara a los humanos desde afuera no sería capaz de saber que tenemos esa ley en nuestro corazón ni mucho menos descubrir el propósito por el cual tenemos esa ley. Al igual que con Stonehenge, desde afuera no podemos entender con qué propósito fue contruido. Pero con el ser humano es diferente, pues nosotros nos observamos a nosotros mismos desde adentro y sabemos para qué tenemos esa ley en nuestros corazones: para tener conciencia de que existe lo correcto y lo incorrecto, y actuar de acuerdo a ello. C.S concluye esta parte de su libro diciendo que este hecho debería inquietar al ser humano y llevarlo a cuestionarse quién puso esa ley en nuestros corazones, pues el propósito nosotros mismos podemos saberlo: para actuar de acuerdo a lo que es correcto; pero ese propósito también debería inquietarnos y debería hacernos cuestionarnos por qué ese alguien quiere que hagamos lo correcto.

Image(Stonehenge: en el condado de Wiltshire, Inglaterra)

Kant, por su parte, era un devoto cristiano pero era también un filósofo, y él llegó a la conclusión que la experiencia y la razón por sí mismas no son capaces de demostrar la existencia de Dios. Para entender lo limitada que es la mente humana en este sentido, tratemos de imaginar el principio del universo. Existen dos posiblidades: el universo siempre existió o el universo tuvo un principio. Consideremos la primera: el universo siempre existió. Pero los humanos no hemos existido desde siempre, tuvimos un origen, como raza y como individuos. De nuestras propias vidas sacamos nuestra noción de tiempo, entonces ¿cómo es que existimos en un universo que siempre existió y que no tuvo inicio? ¿cómo es eso posible?. Simplemente es inimaginable para la mente humana. Ahora consideremos la otra alternativa: el universo tuvo un principio. En este caso hay también dos opciones: el universo se creó solo o fue creado por algo más. ¿Cómo el universo pudo crearse solo? Eso significaría que no había nada y luego el universo se creó, pero ¿cómo algo se crea de la nada?. Nuevamente, tampoco entra dentro de la imaginación humana. La otra alternativa es que algo o alguien creó el universo, si fue así ¿qué o quién fue? ¿qué caractarísticas tenía/tiene esa entidad? ¿dónde está ahora?. También es demasiado para que la mente humana lo resuelva. En este punto alguien quizás quiera recordar la teoría del Big-Bang. Pues la teoría del Big-Bang dice que el universo se inició en una gran explosión en un lugar del espacio-tiempo donde estaba concentrada toda la materia del universo, pero que ese lugar del espacio-tiempo era una singularidad, ¿y qué es una singularidad? pues es un punto del espacio-tiempo donde todas las leyes de la física dejan de funcionar así como las comprendemos, por lo tanto la mente humana tampoco es capaz de entender cómo funcionó ese Big-Bang ni mucho menos puede imaginar qué hubo antes, pues ese “antes” hace referencia a la noción de tiempo que tenemos como humanos, y ya dijimos que en ese momento no funcionaba ninguna ley física así como nosotros lo entendemos ahora, y por lo tanto el tiempo tampoco funcionaba como nosotros lo entendemos. Como vemos, nuestra mente es limitada y no es capaz de encontrar todas las respuestas a partir del razonamiento y de los datos empíricos que conocemos. Kant concluía entonces que la existencia de Dios (tal como el origen del universo) era una cuestión que la razón y la experiencia humana no estaban en capacidad de dar una respuesta definitiva.

Kant concluía luego, que en la cuestión de la existencia de Dios el ser humano debe proceder impulsado por la fe, y no tanto por la razón. Algunos podrán objetar que Kant simplemente mete a Dios por la puerta de atrás apelando a la fe. Pero Kant, a diferencia de otros pensadores, hace una clara diferenciación entre la razón y la fe, admitiendo que su creencia en Dios es una cuestión meramente de fe y no racional. Tal como dice un dicho popular “la fe empieza en donde termina la razón”, ese era el pensamiento de Kant, pero como ya hemos visto el camino a recorrer para encontrar el final de la razón es muy largo. ¿Y qué hay de la placa arriba mencionada? ¿por qué a Kant lo llenaba de admiración y respeto el cielo estrellado y la conciencia moral?. Para Kant, el cielo estrellado sobre él y la ley moral en su interior, eran para él pruebas de que existía un Dios por encima de él y un Dios en su interior.

Ahora, alguien podría cuestionar: si los principios morales del cristianismo y de la Biblia son los mismos que comparten todas las personas alrededor de todo el mundo, si incluso nuestras mismas leyes civiles obedecen a dichos principios universales y las normas morales de la sociedad también, entonces ¿cuál es el sentido del cristianismo y de la Biblia? ¿para qué ser cristiano y estudiar la Biblia si al final me enseñarán a obedecer los mismos principios morales que la sociedad tiene? ¿por qué mejor no evolucionamos como sociedad y dejamos atrás la religión de una vez?. La respuesta es fácil pero compleja de explicar: porque el cristianismo nos da algo más que normas de conducta, hace algo más que decirnos cómo actuar.

En la próxima entrega: “El cristianismo y la felicidad”.

3 thoughts on “La ley escrita en el corazón

  1. He leído el libro mero cristianismo, es interesante la conversión de C.S. Lewis. Si puedes dale una hojeada al capítulo I del Libro: “Institución de la Religión Cristiana” de Juan Calvino, él habla acerca de la ley escrita en el corazón y la conciencia de que hay un Dios que lo gobierna todo. El toma como base esos dos planteamientos para hacernos inexcusables ante Él como lo dice el Libro de Romanos.

  2. Un hit. Como sabes leí Cristianismo solamente, y fue una aventura muy placentera. Desde siempre había sabido que había en mi interior y en el exterior cosas demasiado maravillosas para haber salido de la nada y también entendí ahí por la adolescencia tardía que es un asunto de fe. Una fe real que sostiene todo el andamiaje de mi vida. Un placer leerte Bro.

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