¿En qué consiste amar a Dios?

Amor de Dios

“Y uno de ellos, intérprete de la Ley, preguntó para tentarlo, diciendo: —Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la Ley? Jesús le dijo: —’Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ Éste es el primero y grande mandamiento.” – Mateo 22:34-38 RVR95

El amor a Dios es uno de los principios más promovidos en el cristianismo moderno, y éste pasaje anterior es su principal fundamento. A todas partes donde vamos podemos ver proclamaciones sobre el amor a Dios como las calcomanías en los carros y en los cuadernos, o publicaciones en redes sociales. Es muy común escuchar predicadores hablar de “enamorarse de Dios” y por supuesto los largos tiempos de alabanza y adoración musical se supone que son una manifestación de ese amor que se supone que las personas le tienen al Creador. Sin embargo, cuando Dios entregó la Ley al pueblo de Israel y les dijo “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deu. 5:5) y luego Jesús cita esas palabras en Mateo 22, ¿a qué se refería Dios? ¿esperaba Dios que nos “enamoráramos” de Él como un colegial que se enamora de su primer amor de juventud? ¿quería Dios que le mostráramos amor cantándole durante horas? ¿pretendía Dios que mostráramos amor por Él leyendo metódicamente la Biblia todos los días? ¿quería Dios que pensáramos en Él día y noche como un adolescente enamorado?

En esto consiste amar a Dios

“Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.” – Juan 14:15 NVI

¿En qué consiste amar a Dios? la respuesta a esta pregunta es simple y la Biblia nos la da de forma clara: amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos.

“¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.” – Juan 14:21 NVI

¿Quién es el que ama a Cristo? aquel que hace suyos sus mandamientos y los obedece. Y a través de esa persona es que Dios se manifestará, y no solo eso, sino que el texto dice que Dios también lo amará. La Biblia es clara, como ven no hay necesidad de interpretar nada, todo está claro como el agua.

“El que no me ama, no obedece mis palabras. Pero estas palabras que ustedes oyen no son mías sino del Padre, que me envió.” – Juan 14:24 NVI

Aquel que dice que ama a Dios pero no obedece sus mandamientos, no lo ama en realidad. No importa si canta muy bonito los domingos en la iglesia, no importa si en su carro tiene un gran sticker que diga que ama a Cristo, y no importa si lee la Biblia todas las noches durante una hora – ciertamente no importa si no aplica lo que ahí lee – amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos.

En qué NO consiste amar a Dios

Amar a Dios no consiste en cantarle con gran furor todos los domingos en la iglesia. Amar a Dios tampoco consiste en pegar stickers en mi carro, cuaderno, agenda o colocar cuadros en mi casa que digan que amo a Dios. Y si leo la Biblia todos los días fielmente pero no estoy aplicando lo que ahí leo, pues tampoco amo a Dios en realidad.

Ese idea de “enamorarse de Dios” no tiene un fundamento bíblico real, sino que es una malinterpretación del texto de Mateo 22:34-38. La malinterpretación de ese principio incluso ha llevado a cristianos a afirmar que las personas deben “enamorarse de Dios” y sentirse satisfechas únicamente con ese amor, al punto en que no tengan la necesidad de encontrar una pareja para casarse, que casarse sea solamente una opción y no una necesidad. Aunque este razonamiento tiene la buena intención de invitarnos a que no basemos nuestra felicidad en encontrar una pareja, tiene un enorme vacío: casarse es un mandamiento; porque escrito está “el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y serán una sola carne”, así aparece en Génesis 2:24 y luego Jesús lo cita en Mateo 19:5 mientras habla del divorcio. Es un mandamiento, y ¿quién es el que ama a Dios? aquel que cumple sus mandamientos. Por lo tanto, si una persona ama a Dios en verdad, procurará cumplir sus mandamientos, entre los cuales está el mandamiento de casarse, por lo tanto quien ame a Dios procurará cumplir el mandamiento de casarse.

Cumpliendo solo el 50% de la Ley

Un gran problema con el pasaje que citamos al comienzo es que la gente lo cita a medias, citemos el pasaje completo.

“Y uno de ellos, intérprete de la Ley, preguntó para tentarlo, diciendo: —Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la Ley? Jesús le dijo: —’Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo.’ De ESTOS DOS MANDAMIENTOS dependen toda la Ley y los Profetas.” – Mateo 22:35:40 RVR95

Supongamos por un instante que esas prácticas que se supone demuestran nuestro amor a Dios son válidas: cantarle en la iglesia durante horas, tapizar mis cuadernos con stickers cristianos, llenar mi muro de Facebook de versículos bíblicos, leer la Biblia durante horas en mi habitación. El problema es que con esas prácticas (suponiendo que fuesen válidas) solo estamos cumpliendo la mitad de los mandamientos, solo cumplimos el 50% de la Ley. Primero que nada, cuando Jesús dijo que de estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los profetas, mucha gente cree que únicamente con “cumplir” estos dos mandamientos podemos olvidarnos de cumplir todos los demás. Pero ¿tiene sentido eso? ¿en vista que amo a Dios entonces ya puedo trasgredir el mandamiento de tomar su nombre en vano? ¿será que como amo a mi prójimo entonces puedo robarle y codiciarle a la mujer?. No, el sentido común nos indica que no puede ser así como esto funciona. Jesús nos dice que de esos dos mandamientos DEPENDEN todos los demás, osea que todos los demás mandamientos se basan en estos dos (que por cierto, están en la Ley de Moisés: Deuteronomio 5:5 y Levítico 19:18), y que si procuramos cumplir estos dos mandamientos eventualmente cumpliremos todos los demás.

Por lo tanto, si únicamente nos preocupamos por amar a Dios, por agradar a Dios, por mostrarle amor a Dios, y descuidamos el mandamiento de amar al prójimo, pues estamos descuidando la mitad de los mandamientos. Deberíamos preocuparnos por amar al prójimo tanto como nos preocupamos por amar a Dios.

“Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: «El que ama a Dios, ame también a su hermano.»” – 1a Juan 4:20-21 RVR95

Aquí el Apostol Juan nos dice algo de sentido común: ¿cómo amaremos a Dios, que nunca hemos visto, si no amamos a nuestro prójimo que sí lo vemos?. El Apostol Juan nos dice tambien que el amor a Dios es inseparable del amor al prójimo. Por lo tanto si pretendemos amar a Dios, tenemos también que procurar amar al prójimo.

Conocer a Dios

“En esto sabemos que nosotros lo conocemos, si guardamos sus mandamientos.” – 1a Juan 2:3 RVR95

Guardar los mandamientos de Dios no solo implica que lo amamos, implica que lo conocemos. Si no guardamos sus mandamientos, no solo significa que no lo amamos en verdad sino que además significa que no lo conocemos.

“El que dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él. Pero el que guarda su palabra, en ése verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” – 1a Juan 2:4 RVR95

¿Quién es el que guarda la palabra de Dios? el que guarda sus mandamientos. ¿En quién se perfecciona el amor a Dios? en quien guarda su palabra, osea en quien guarda sus mandamientos. Aquel que diga que permanece en Cristo es quien anduvo como él anduvo, osea quien guarda los mandamientos como él los guardó.

“Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios.” – 1a Juan 4:7 RVR95

¿Qué hago para amar a Dios? ¿con qué mandamientos comienzo?

Una vez establecido que amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos, puede surgir la pregunta ¿qué mandamientos cumplo?. La respuesta a esa pregunta es sencilla: podemos cumplir todos los mandamientos, pues Cristo dijo durante el sermón del monte:

“No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento. Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido. Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos.” – Mateo 5:17-19 NVI

En esta porción Jesús nos dice que él no abolió, ni anuló, ni borró nada de lo que está escrito en los libros de la Ley (los primeros cinco libros de la Biblia) ni nada de lo que fue dicho por los Profetas. ¿Aún existe el cielo? ¿aún existe la tierra? entonces ni la letra más pequeña del Antiguo Testamento ha perdido validez. Jesús nos dice que cualquiera que se esfuerce en cumplir hasta el más pequeño mandamiento de la Ley, y enseñe a otro a hacer lo mismo, será llamado grande en el reino de los cielos; pero Jesús también nos dice que cualquiera que quebrante hasta el más pequeño de los mandamientos y le enseñe a otro “no, eso no debes cumplirlo… no te preocupes por cumplir ese mandamiento, eso ya no tiene validez”, pues esos serán llamados pequeños en el reino de los cielos.

Entonces, ¿cuáles mandamientos puedo cumplir? pues todos. Sin embargo, la Ley es extensa, es compleja, es difícil de entender en muchas partes y es por consiguiente difícil de aplicar. Además, recordemos que no cumpliremos los mandamientos por Salvación (pues somos salvos por gracia), sino por amor a Dios, lo cual significa que debemos hacer nuestro mejor esfuerzo pero dentro de nuestras posibilidades y capacidades. Entonces necesitamos un lugar por donde comenzar, necesitamos un punto de partida, saber dónde dar el primer paso. Como cristianos, un magnífico primer lugar para dar ese primer paso es el sermón del monte, que son aplicaciones prácticas que Cristo nos da sobre cómo aplicar los mandamientos. ¿Amas Dios y quieres cumplir sus mandamientos?, pues aquí hay algunas cosas prácticas que podemos comenzar a practicar:

  • Hacer buenas obras que glorifiquen a Dios e inspiren a los demás a hacer lo mismo (Mt.5:16)
  • No enojarnos contra nuestro prójimo, no actuar contra él con ira, no insultarlo diciéndole “tonto” u otros insultos similares (Mt.5:21-22)
  • No ver a otras mujeres (y en el caso de las mujeres, no ver a otros hombres) con ojos de deseo (Mt.5:28)
  • Cumplir nuestras promesas, y no hacer promesas que no pretendamos cumplir; ser personas de palabra (Mt. 5:33-36)
  • Hacerle el bien al que nos haga el mal, hacerle el bien a nuestros enemigos; esto no es hipocresía (al menos no bíblicamente) Jesús nos manda a hacerle el bien a nuestros adversarios, sin importar si nos caen bien o mal, sin importar si “me nace” hacerlo, lo importante según el pensamiento bíblico es la acción y no el sentimiento dentro de nosotros (Mt.5:38-48)
  • Hacer obras de caridad sin el propósito de gloficiarnos a nosotros mismos (Mt.6:1-4)
  • Hacer nuestro tiempo de oración y estudio bíblico en privado, y no con la intención de que otros nos vean (Mt.6:5-6)
  • Perdonar a los demás cuando nos ofenden (Mt.6:12,14-15)
  • No obsesionarnos con las riquezas, no ser tacaños (Mt.6:19:34)
  • No juzgar a los demás, no criticar los defectos en los demás, sino evaluarnos a nosotros mismos en primer lugar y autocorregirnos (Mt.7:1-6)

Y por supuesto, el mandamiento nuevo que Cristo nos dio:

“Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.” – Juan 13:34-35 NVI

¿Amas a Dios y quieres demostrárselo?. Entonces procura guardar sus preceptos, esmérate en cumplir sus mandamientos, andar como Cristo anduvo, cumplir los mandamientos anteriormente enlistados y todos los demás mandamientos que aparecen en el resto de la Biblia. Cantarle a Dios está bien, publicar versículos bíblicos en las redes sociales está bien, pegar stickers de temas cristianos en el carro está bien, y ciertamente el tiempo de estudio bíblico en privado está muy bien; pero todos esos deben ser solo detalles que orbiten alrededor del núcleo de aquello en lo que consiste el verdadero amor a Dios: cumplir sus mandamientos.

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