La visión de Pedro: ¿Luz verde para comer cualquier cosa?

Pedro y su vision 02

“[…] Pedro subió a la azotea a orar. Era casi el mediodía. Tuvo hambre y quiso algo de comer. Mientras se lo preparaban, le sobrevino un éxtasis. Vio el cielo abierto y algo parecido a una gran sábana que, suspendida por las cuatro puntas, descendía hacia la tierra. En ella había toda clase de cuadrúpedos, como también reptiles y aves.
—Levántate, Pedro; mata y come —le dijo una voz.
—¡De ninguna manera, Señor! —replicó Pedro—. Jamás he comido nada impuro o inmundo.
Por segunda vez le insistió la voz:
—Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro.
Esto sucedió tres veces, y en seguida la sábana fue recogida al cielo.” – Hechos 10:9-15 NVI

La historia de Pedro y Cornelio, que es precedida por esta visión, es una de las más fascinates, así como también una de las más importantes del libro de Hechos, pues representa la primera inclusión de los gentiles (personas no judías externas al pueblo de Israel) dentro de la predicación del evangelio y de los pactos que el Señor tiene con el pueblo de Israel. Esta visión es, además, una de las más malinterpretadas, pues mucha gente interpreta que con esta visión Dios nos da autorización de comer cualquier alimento y que queda abolido el mandamiento de abstenerse de comer ciertos animales. En esta artículos estaremos analizando el significado de esta visión.

Lo primero: una regla básica de interpretación bíblica

Hay muchas reglas a considerar cuando interpretamos el texto bíblico. En este artículo mencionaremos una: cuando aparece una alegoría o una visión profética, y luego el texto mismo nos da el significado, entonces no podemos darle un significado diferente.

Cuando Jesús cuenta la parábola del sembrador, eso es una alegoría, pues no estaba hablando de un sembrador en un sentido literal. ¿Qué representa la semilla que cayó en el camino? ¿qué representa la semilla que cayó entre los espinos?. Pues el texto mismo nos dice lo que representan, ¡no tenemos que adivinar el significado!. Pero además hay otro detalle: tampoco podemos cambiar el significado. Si el texto dice que la semilla que cayó en el camino representa a las personas de corazón duro, pues no podemos decir que representa algo diferente. Lo mismo ocurre con las visiones proféticas. La Biblia contiene algunas visiones cuyo significado no aparece revelado de forma clara, y tal vez podríamos dejar un poco abierta la interpretación de su significado, pero hay otras visiones cuyo significado sí aparece en el texto: la visión del valle de huesos secos en Ezequiel, o las visiones del libro de Daniel, si uno lee el texto se descubre que ahí mismo está el significado de dichas visiones. De modo que cuando el texto mismo nos dice el significado de una visión profética, no podemos darle un significado diferente.

¿Qué ocurre con la visión de Pedro? al final del capítulo 10 de Hechos aparece el significado de la visión. El texto nos dice el significado de las palabras “lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro”, al llegar donde Cornelio, Pedro descubre el significado de la visión, y descubre que no tiene NADA que ver con la comida. De modo que nosotros no podemos cambiar el significado de la visión y afirmar que significa que sí podemos comer cualquier tipo de animal.

Fue una orden del Cielo, ¿por qué Pedro no obedeció?

Algunas personas cuestionan este detalle: aparece una visión del Cielo y una voz comienza a hablar (una voz que tenemos razones de sobra para asumir que es la voz de Dios, o que al menos habla en su nombre), y le da a Pedro una orden, “mata y come”, pero Pedro no obedece. ¿Por qué Pedro no obedece? ¡el Cielo le estaba dando una orden! ¡¿Qué pasó?!. Bueno, de hecho como cristianos estamos muy familiarizados con el concepo por el cual Pedro decide no obedecer.

“Pero aun si alguno de nosotros o UN ÁNGEL DEL CIELO les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!” – Gálatas 1:8 NVI

Vean lo que dice Pablo: si un Ángel del Cielo les predica un evangelio distino, que caiga bajo maldición. Pablo le dice a las comunidades en Galacia, que el evengelio que conocen es el verdadero, y que no hay otro, que no crean en ningún otro evangelio aún así sea un Ángel mismo del Cielo quien se los predique.

Bueno, exactamente lo mismo ocurre con Pedro y su obediencia por la Ley judía.

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, CUIDANDO DE OBRAR CONFORME A TODA LA LEY QUE MI SIERVO MOISÉS TE MANDÓ; NO TE APARTES DE ELLA NI A LA DERECHA NI A LA IZQUIERDA, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.” – Josué 1:7 RVR95

Porciones como esta de Josué 1:7 aparecen por todas partes en el Antiguo Testamento: sigue la Ley que Dios te ha dado, no te apartes ni a la derecha di a la izquierda, escucha estos preceptos, estatutos y mandamientos, y actúa conforme a ellos. Varios capítulos de Deuteronomio se dedican a repetir esa misma idea una y otra, y otra vez. El rey David decía “lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera en mi camino”, también decía “cuán dulces son a mi paladar tus palabras, más dulces que la miel”. El salmo 119, el más largo de la Biblia, el rey David se lo dedica a la Ley. Algunas personas erróneamente piensan que este salmo está dedicado a la Biblia completa, pero no lo está; por la simple y sencilla razón que la Biblia completa aún no existía en ese tiempo. ¿Entonces qué es lo que está alabando el rey David en los 176 versículos del salmo 119?, pues a la Ley de Dios, los primeros 5 libros de la Biblia, el Pentateuco, la “Torah”. David dice que ama la Ley (Salmo.119:97) y dice que gracias a ella ha adquirido inteligencia y se ha alejado del camino de mentira (Sl.119:104).

La Ley lo era todo para estos individuos (NO para salvación, sino simplemente porque Dios lo ordenaba y porque sus vidas eran mejores siguiendo esa Ley), la observancia y el cumplimento de la Ley era una parte medular en la vida de las personas de la Biblia… ¿y de repente viene una voz del cielo y le ordena a Pedro que quebrante dicha Ley comiendo animales impuros? ¡eso no era posible! aunque fuera una voz del Cielo, no tenía sentido una orden que contradijera lo establecido desde tiempo de Moisés y lo que estaba escrito en toda la Ley, los profetas y los libros sapienciales, y aquello que con tanto esmero habían aprendido estos individuos. ¿La única explicación lógica? que la visión debía tener un significado diferente que no tuviese ninguna relación con la comida, y Pedro trató de descifrarlo:

“Pedro no atinaba a explicarse cuál podría ser el significado de la visión. […]” – Hechos 10:17 NVI

Observemos que Pedro no se aventuró a adivinar el significado de la visión. Del mismo modo, como cristianos del siglo XXI no debemos aventurarnos a darle un significado a la visión sin haber leído por lo menos el capítulo completo. Pedro fue quien tuvo la visión y él mismo no se atrevió a darle un significado, ¿cómo podríamos dárselo nosotros que no estábamos ahí?.

La realidad entre Judíos y gentiles en aquella época

Para entender este pasaje, debemos entender como era la relación de los judíos con las personas de otros pueblos. Por ponerlo en palabras simples, solo digamos que los judíos no se llevaban bien con los gentiles. De hecho, muchos judíos tenían la creencia errónea de que los gentiles eran impuros. ¿Por qué los judíos tenían esta idea? seguramente por el antisemitismo que habían ya experimentado previamente, como cuando Antíoco Epífanes invadió Israel y quiso obligar a los judíos a abandonar su la Ley y costumbres para adoptar la religión y costumbres griegas. Experiencias como esas, habían hecho que los judíos mantuvieran cierto recelo hacia los gentiles.

En los evangelios, vemos algunas pistas de esta situación:

“Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea que había salido de aquella región comenzó a gritar y a decirle:
—¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaron diciendo:
—Despídela, pues viene gritando detrás de nosotros.
Él, respondiendo, dijo:
—No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo:
—¡Señor, socórreme!
Respondiendo él, dijo:
—No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros.
Ella dijo:
—Sí, Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Entonces, respondiendo Jesús, dijo:
—¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres.
Y su hija fue sanada desde aquella hora.” – Mateo 15:21-28 RVR95

Quizás nunca nos hayamos percatado, pero la respuesta de Jesús hacia la mujer cananea no fue una respuesta muy dulce. Vale la pena aclarar que en aquel entonces decirle “perro” a una persona no resultaba tan ofensivo como puede resultar hoy en día. En aquel entonces, la expresión “perro” era utilizada para referirse a los gentiles, a los extranjeros, a las personas de otros pueblos. Teniendo eso en consideración, Jesús no insultó a la mujer cananea al compararla con los perros, pero lo que sí salta a la vista es que de entrada no le concedió su petición.

Muchas personas lo interpretan como que Jesús estaba poniendo a prueba la Fe de la mujer cananea. Pero no fue así. La verdad es que Jesús tenía su misión muy clara, y él sabía que había sido enviado para las ovejas perdidas del pueblo de Israel. ¿Y predicarle el evangelio a las naciones? eso Jesús se lo encargaría después a sus discípulos, pero no era la misión de Jesús en ese momento.

Veamos otro ejemplo:

“Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniera y sanara a su siervo. Ellos se acercaron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole:
—Es digno de que le concedas esto, porque ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga.
Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole:
—Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo, por lo que ni aun me tuve por digno de ir a ti; pero di la palabra y mi siervo será sanado, pues también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a éste: “Ve”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.
Al oír esto, Jesús se maravilló de él y, volviéndose, dijo a la gente que lo seguía:
—Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.” – Lucas 7:3-9 RVR95

Cuando leemos esta historia, usualmente pensamos que el centurión tenía una gran humildad (lo cual probablemente es cierto) y que a eso se debió su respuesta de “no soy digno de que entres en mi casa”. Sin embargo, prestemos atención lo que dice la primera parte: el centurión envió unos ancianos de los judíos para pedirle a Jesús que viniera a sanar al siervo, y estos ancianos le dijeron “este hombre es digno de que le concedas esto”. ¿A qué viene esa intercesión de los ancianos judíos en nombre del centurión?. Pues obedece a lo que estamos hablando: los judíos y gentiles no tenían buenas relaciones. Si el centurión hubiese venido personalmente donde Jesús o hubiese enviado a un siervo romano, Jesús probablemente habría reaccionado como reaccionó con la mujer cananea. Luego, viene el mensaje del centurión de “no soy digno de que entres en mi casa”. Dicho mensaje tenía un precedente, y es que en aquel entonces los judíos no entraban en casa de los gentiles. El centurión sabía que los judíos no entraban en casa de gentiles, y por eso le mandó a decir a Jesús que no se molestara en ir hasta a su casa sino que simplemente dijera una palabra para que su siervo fuera sano. Este punto es muy importante, porque nos ayudará a entender el desenlace de la historia entre Pedro y Cornelio.

¿Cómo terminó la historia entre Pedro y Cornelio?

Los siervos de Cornelio llegaron a buscar a Pedro después de que éste había tenido la visión, y el Espíritu ordenó a Pedro ir con ellos.

Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: «Tres hombres te buscan. Levántate, pues, desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado». – Hechos 10:19-20 RVR95

Pedro fue con ellos, cuando llegó a casa de Cornelio encontró a éste reunido con sus parientes y amigos cercanos para recibirlo. Cuando Pedro estuvo ahí dijo las siguientes palabras:

Hablando con él, entró y halló a muchos que se habían reunido. Y les dijo:
—Vosotros sabéis cuán abominable es para un judío juntarse o acercarse a un extranjero, pero a mí me ha mostrado Dios QUE A NADIE LLAME COMÚN O IMPURO.” – Hechos 10:27-28 RVR95

Éste es el momento de la revelación, aquí es cuando Pedro entiende el significado de la sábana con animales impuros y las palabras “lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro”. Efectivamente, la visión no tenía NADA que ver con comida, y Pedro tomó la decisión correcta al no obedecer cuando la visión le dijo “mata y come”. En ese momento, Pedro entendió que las palabras “lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro” no se refería a la comida, sino que se refería a personas. Pedro entendió que no debía llamar impuras a las personas que habían encontrado agrado a los ojos de Dios.

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo:
—En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que lo teme y hace justicia.” – Hechos 10: 34-35 RVR95

Lo que ocurre después, es sumamente importante para entender la predicación del evangelio a los gentiles y su inclusión dentro de los pactos y promesas que Dios le había hecho al pueblo de Israel. Lo que ocurrió después, fue un suceso clave para entender las decisiones que después toman en el concilio de Jerusalén en Hechos 16.

“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramara el don del Espíritu Santo, porque los oían que hablaban en lenguas y que glorificaban a Dios.” – Hechos 10:44 RVR95

Si recordamos lo que aprendimos sobre Pentecostés (si no ha leído el artículo, puede leerlo aquí), en Hechos 2 el Espíritu Santo fue derramado sobre todas las personas que estaba en el templo de Jerusalén celebrando la fiesta bíblica de Shavuot. Sin embargo, todos los que recibieron ese día el Espíritu Santo, todos los que presenciaron ese acontecimiento, y todos los que se convirtieron ese día, eran todos judíos. En Pentecostés no había un solo gentil como Cornelio presente. Sin embargo, el derramamiento de Espíritu sobre Cornelio y su casa en Hechos 10 es sumamente importante, porque representa la inclusión de los gentiles dentro del plan de Dios, dentro de las promesas de Dios, y porque con esto también se cumple la profecía de Joel que Pedro cita en Pentecostés en Hechos 2, aquella de “En los últimos días derramaré mi Espíritu sobre TODO GÉNERO”, ese “todo género” significa que no solo sobre judíos será derramado el Espíritu, sino también sobre personas de todos los pueblos.

Otro punto interesante, es que en ese pasaje mencionan a los fieles de la circuncisión, quienes predicaban que para ser salvos era necesario circuncidarse de acuerdo a la Ley de Moisés. El texto dice que quedaron atónitos al ver lo que ocurre, pues según sus creencias no era posible que el Espíritu se derramara sobre personas que no se habían convertido al judaísmo circuncidándose de acuerdo a la Ley de Moisés. Sin embargo, Dios dejó en evidencia, una vez más, que cuestiones de este género son por gracia y no por obras de Ley. La Ley tiene su lugar, pero no es para obtener salvación ni para ser más digno de recibir el Espíritu de Dios.

Algunas conclusiones

  • La visión de Pedro no tiene nada que ver con comida. Las palabras “mata y come” y “lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro” no tienen ninguna relación con aquello que podemos o no comer; de modo que no podemos tomar este pasaje para afirmar que los mandamientos relacionados con los animales puros e impuros están abolidos.
  • En cuanto a intepretación bíblica, si el texto ya nos da un significado de una alegoría, visión o profecía, entonces no podemos decir que tiene un significado diferente al que el texto mismo ya nos está dando.
  • Dios no hace acepción de personas, no nos discrimina según nuestra raza o nuestro pueblo, sino que se agrada de todo aquel de nosotros que le teme y hace justicia.

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