El día del perdón

Chivo expiatorio

“El Señor le ordenó a Moisés que les dijera a los israelitas: «Éstas son las fiestas que yo he establecido, y a las que ustedes han de convocar como fiestas solemnes en mi honor. Yo, el Señor, las establecí.” – Levítico 23:1-2 NVI

En la Biblia hay siete fiestas bíblicas que son establecidas por el Señor mismo:

  • Pascua
  • Primicias
  • Pentecostés
  • Fiesta de Trompetas
  • Día de la Expiación
  • Tabernáculos
  • El día de descanso

En 2,000 años de cristianismo, la religion cristiana se ha visto influenciada por incontables culturas y sufrido toda clase de sincretismos, y uno de los resultados es que las Fiestas Bíblicas que el Señor mismo estableció en Levítico 23 han quedado un poco fuera de foco. Tenemos presentes el nombre de algunas de estas fiestas, como Pascua y Pentecostés, pero nos hemos olvidado de varias de estas fiestas bíblicas. Este artículo tiene como propósito hablar de una de estas Fiestas Bíblicas olvidadas por el mundo cristiano: el Día de la Expiación.

Día de la Expiación o “Yom Kippur”

“Habló Jehová a Moisés y le dijo: «A los diez días de este séptimo mes será el día de expiación; tendréis santa convocación, afligiréis vuestras almas y presentaréis una ofrenda quemada a Jehová.” – Levítico 23:26-27 RVR95

El Día de la Expiación (Día del Perdón, según otras traducciones), cuyo nombre en hebreo es “Yom Kippur”, es el día del año que el Señor ha establecido para autoevaluarnos, reconocer nuestros pecados, arrepentirnos de ellos y pedirle perdón al Señor. En este día no se trabaja y se realiza ayuno:

“En ese día no harán ningún tipo de trabajo, porque es el día del Perdón, cuando se hace expiación por ustedes ante el Señor su Dios. Cualquiera que no observe el ayuno será eliminado de su pueblo. Si alguien hace algún trabajo en ese día, yo mismo lo eliminaré de su pueblo.” – Levítico 23:28-30 NVI

Además es un estatuto perpetuo, que no se cumple únicamente dentro de Israel, sino que se puede cumplir en cualquier lugar donde estemos:

“Por tanto, no harán ustedes ningún trabajo. Éste será un estatuto perpetuo para todos sus descendientes, dondequiera que habiten.” – Levítico 23:31 NVI

¿Cómo se celebraba Yom Kippur en tiempos biblicos?

Aunque Yom Kippur aparece establecida por el Señor como una de las siete fiestas solemtes en Levítico 23, es en Levítico 16 cuando aparece introducida por primera vez esta Fiesta, es mencionada después de la muerte de Nadab y Abiú, los hijos de Aaron.

“Éste será para ustedes un estatuto perpetuo, tanto para el nativo como para el extranjero: El día diez del mes séptimo ayunarán y no realizarán ningún tipo de trabajo. En dicho día se hará propiciación por ustedes para purificarlos, y delante del Señor serán purificados de todos sus pecados. Será para ustedes un día de completo reposo, en el cual ayunarán. Es un estatuto perpetuo.” – Levítico 16:29-31 NVI

Vean que interesantes las dos características que se mencionan de esta fiesta:

  • Es un estatuto perpetuo, es decir que no puede ser anulado ni abolido
  • Es un estatuto tanto para nativos como para extranjeros, es decir que no es un estatuto exclusivo para las personas del pueblo de Israel, sino que también aplica para nosotros los extranjeros que por medio del Mesías hemos sido injertados al pueblo del Señor y que junto con ellos compartimos las mismas promesas.

Pero además, en Levítico 16 se mencionan los rituales y sacrificios que se deben realizar este día. De los cuales, quizás sea el siguiente el que valga la pena citar:

“Pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados. Así los pondrá sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por medio de un hombre destinado para esto. Aquel macho cabrío llevará sobre sí todas sus iniquidades a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.” – Levítico 16:21-22 RVR95

¿Alguna vez han escuchado la expresión “chivo expiatorio”? ¿se han preguntado de donde viene?. Pues viene de aquí, de Levítico 16. En dicho capítulo se menciona que para el día de Yom Kippur se tomaban dos machos cabríos para la expiación. Uno de ellos era sacrificado y el otro era enviado al desierto. En ambos casos, los machos cabríos cargabam con todos los pecados del pueblo. Atención: los pecados de todo el pueblo, no solo nuestros pecados personales, no solo los de nuestra familia. En Yom Kippur se pide perdón por los pecados de todo el pueblo, no solo por los míos.

No hay desierto ni tengo machos cabríos, ¿qué hago?

Debemos recordar algo y tenerlo muy claro: el cumplimiento de la Ley no es para salvación. Cumplimos con los mandamientos, preceptos y estatutos del Señor por obediencia y por amor a Él. Debido a eso procuramos cumplir con su Palabra dentro de lo que nuestras condiciones nos lo permitan. En el caso de Yom Kippur, probablemente nos cuestionemos cómo podríamos realizar los sacrificios que aparecen en Levítico 16, aún si conseguimos los machos cabríos quizás no estamos cerca de un desierto, y aún si tuviéramos esas dos cosas necesitaríamos también a un Levita, osea la persona encargada de realizar todos estos rituales.

¿Qué podemos hacer entonces?, el visionario Daniel nos da un excelente ejemplo:

“Entonces me puse a orar y a dirigir mis súplicas al Señor mi Dios. Además de orar, ayuné y me vestí de luto y me senté sobre cenizas. Ésta fue la oración y confesión que le hice:
»“Señor, Dios grande y terrible, que cumples tu pacto de fidelidad con los que te aman y obedecen tus mandamientos: Hemos pecado y hecho lo malo; hemos sido malvados y rebeldes; nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus leyes. No hemos prestado atención a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes y príncipes, a nuestros antepasados y a todos los habitantes de la tierra.” – Daniel 9:3-6 NVI

La oración de Daniel continúa hasta el versículo 19, y vale la pena leerlo todo, pero el punto queda claro: Daniel pide perdón por los pecados de todo el pueblo.

Bíblicamente hablando, no debemos hacer caso omiso de los pecados que ocurren alrededor. Por ejemplo, en Deuteronomio 21 se explica como se pide perdón y cómo hacer expiación cuando una persona es encontrada asesinada y se desconoce quién fue el asesino. Dicho capítulo explica que los sacerdotes y los ancianos de la ciudad seguirán un ritual, y al final harán la siguiente declaración:

“No derramaron nuestras manos esta sangre, ni vieron nuestros ojos lo ocurrido. Perdona, Señor, a tu pueblo Israel, al cual liberaste, y no lo culpes de esta sangre inocente.” – Deuteronomio 21:7-8 NVI

Con esta oración, la Biblia afirma lo siguiente:

“Así quitarás de en medio de ti la culpa de esa sangre inocente, y habrás hecho lo recto a los ojos del Señor.” – Deuteronomio 21:9 NVI

Ahora, pensemos por un instante: en el lugar donde vivimos, nuestra comunidad, nuestra ciudad, nuestro país, ¿es derramada sangre inocente? ¿nos hemos enterado de asesinatos que quedan impunes? ¿escuchamos noticias sobre homicidios cuyos autores se desconocen?. Si la respuesta es “sí”, entonces pensemos: ¿alguna vez le hemos pedido perdón al Señor por esa sangre inocente derramada?. Mucha gente quizás piensa que no tiene la obligación de pedir perdón por pecados de otros, pero como hemos visto, la postura bíblica es que podemos y debemos pedir perdón a Dios por todos los pecados de todo el pueblo. ¿Cuándo lo podemos hacer?, podríamos hacerlo cualquier día del año y Dios lo tendría en cuenta, pero hay un día del año que es ideal para pedir perdón por los pecados del pueblo, un día que el Señor mismo establecido para eso: el día de Yom Kippur

Somos la sal de la tierra

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee.” – Mateo 5:13 NVI

¿Cuántas veces hemos escuchado este pasaje? seguramente muchísimas. Sin embargo la mayoría de cristianos desconocen su verdadero significado. Cuando escuchamos “ustedes son la sal de la tierra” muchos lo interpretan como que somos aquello que le da sabor al mundo. Sin embargo, nada está más lejos de la interpretación real. Para entender este pasaje, lo primero que debemos entender es qué representaba la sal en el contexto bíblico, y en dicho contexto la sal era un conservante, era utilizado para conservar los alimentos, entre ellos los alimentos de los sacrificios.

“Yo, el Señor, te entrego todas las contribuciones sagradas que los israelitas me presentan. Son tuyas, y de tus hijos y de tus hijas, como estatuto perpetuo. Éste es un pacto perpetuo, sellado en mi presencia, CON SAL.” – Números 18:19 NVI

De modo que bíblicamente hablando, la sal representa un conservante. Ahora, si Jesús dijo “ustedes son la sal de la tierra”, ¿qué nos está diciendo? pues nos está diciendo que nosotros somos el conservante, ¿de qué? de este mundo. Debemos ser la sal que preserva este mundo, y no solo el mundo en general, sino específicamente nuestra comunidad, nuestra ciudad, nuestro país. Esto lo podemos ver en la Biblia: Sodoma y Gomorra fue destruida porque no había ni siquiera 10 justos, es decir que no habían ni siquiera 10 personas que fuesen sal para conservar esa ciudad. La tradición rabínica dice que en los tiempos de Noé llegó un punto en el cual solo quedaron dos justos: Matusalén y Noé, y que ellos dos no eran suficiente sal para conservar al mundo, dice también la tradición rabínica que Matusalén y Noé predicaron arrepentimiento durante 120 años, y que el Señor destruyó la Tierra porque la gente no se arrepintió, porque no había suficientes justos, no había suficiente sal para conservar al mundo. Otro ejemplo es Nínive, una ciudad que Dios condenó a la destrucción, pero a diferencia de lo ocurrido en los tiempos de Noé, la ciudad de Nínive sí se arrepintió cuando Jonás les predicó, oraron y ayunaron, y el Señor los escuchó, y revocó su decreto para destruir Nínive. En otras palabras, en Nínive hubo sal suficiente para preservarala.

Exactamente lo mismo podemos hacer nosotros en nuestra comunidad, en nuestro ciudad, en nuestro país: podemos pedir perdón por todos los pecados de nuestra comunidad, y con eso seremos la sal que preserva este mundo. Y un día perfecto para eso es el día de Yom Kippur.

¿Qué hago entonces para Yom Kippur?

El día de Yom Kippur podemos celebrarlo en cualquier lugar que estemos, y podemos celebrarlo haciendo lo siguiente:

  • Reposo: Yom Kippur es un sabático, pero no tiene tanto el propósito de que descansemos sino que su propósito es que suspendamos todas nuestras actividades, no solo laborales sino también cualquier actividad que nos distraiga tales como jugar o estudiar. ¿Distraernos de qué? de nuestro único propósito para ese día que es arrepentirnos y pedir perdón a Dios por nuestros pecados y por todos los pecados del pueblo.
  • Ayuno: ¿por qué se ayuna? ¿para sufrir? de ninguna manera. El propósito del ayuno es el mismo que el propósito de suspender toda actividad laboral, y es que nada nos distraiga de nuestra labor de arrepentimiento. Por ese motivo no cocinamos ni comemos, para tener más tiempo para pedir perdón. Y de hecho, lo ideal para ayunar en Yom Kippur es prepararse un día antes con una alimentación alta en carbohidratos y líquidos, para que el ayuno sea más fácil, para que tampoco sea el hambre la que nos distraiga de nuestra labor de arrepentimiento. Lo ideal es ayunar el día completo, absteniéndose tanto de alimento sólido como de líquidos, pero si una persona no está acostumbrada puede hacer ayuno solo de alimentos sólidos o solo la mitad del día.
  • Oración: este punto necesita poca explicación, oramos a Dios para pedirle perdón por nuestros pecados y por los pecados de nuestro pueblo. Daniel nos da un gran ejemplo en Daniel 9 de cómo se hace una oración por eso.
  • Yom Kippur se celebra una vez al año, comienza al atardecer de un día y finaliza al atardecer del siguiente día. Para saber cuándo celebrarlo, debemos consultar el calendario hebreo, se celebra entre el 9 y 10 del mes de Tishrei

¿Quieres ser sal de la tierra? ¿quieres ayudar a conservar este mundo?. Pero sobre todo, ¿quieres hacer la voluntad de Dios, quieres cumplir sus mandamientos y quieres ser obediente a su Palabra?. Si la respuesta es “sí”, entonces Yom Kippur es una oportunidad perfecta para eso.

La visión de Pedro: ¿Luz verde para comer cualquier cosa?

Pedro y su vision 02

“[…] Pedro subió a la azotea a orar. Era casi el mediodía. Tuvo hambre y quiso algo de comer. Mientras se lo preparaban, le sobrevino un éxtasis. Vio el cielo abierto y algo parecido a una gran sábana que, suspendida por las cuatro puntas, descendía hacia la tierra. En ella había toda clase de cuadrúpedos, como también reptiles y aves.
—Levántate, Pedro; mata y come —le dijo una voz.
—¡De ninguna manera, Señor! —replicó Pedro—. Jamás he comido nada impuro o inmundo.
Por segunda vez le insistió la voz:
—Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro.
Esto sucedió tres veces, y en seguida la sábana fue recogida al cielo.” – Hechos 10:9-15 NVI

La historia de Pedro y Cornelio, que es precedida por esta visión, es una de las más fascinates, así como también una de las más importantes del libro de Hechos, pues representa la primera inclusión de los gentiles (personas no judías externas al pueblo de Israel) dentro de la predicación del evangelio y de los pactos que el Señor tiene con el pueblo de Israel. Esta visión es, además, una de las más malinterpretadas, pues mucha gente interpreta que con esta visión Dios nos da autorización de comer cualquier alimento y que queda abolido el mandamiento de abstenerse de comer ciertos animales. En esta artículos estaremos analizando el significado de esta visión.

Lo primero: una regla básica de interpretación bíblica

Hay muchas reglas a considerar cuando interpretamos el texto bíblico. En este artículo mencionaremos una: cuando aparece una alegoría o una visión profética, y luego el texto mismo nos da el significado, entonces no podemos darle un significado diferente.

Cuando Jesús cuenta la parábola del sembrador, eso es una alegoría, pues no estaba hablando de un sembrador en un sentido literal. ¿Qué representa la semilla que cayó en el camino? ¿qué representa la semilla que cayó entre los espinos?. Pues el texto mismo nos dice lo que representan, ¡no tenemos que adivinar el significado!. Pero además hay otro detalle: tampoco podemos cambiar el significado. Si el texto dice que la semilla que cayó en el camino representa a las personas de corazón duro, pues no podemos decir que representa algo diferente. Lo mismo ocurre con las visiones proféticas. La Biblia contiene algunas visiones cuyo significado no aparece revelado de forma clara, y tal vez podríamos dejar un poco abierta la interpretación de su significado, pero hay otras visiones cuyo significado sí aparece en el texto: la visión del valle de huesos secos en Ezequiel, o las visiones del libro de Daniel, si uno lee el texto se descubre que ahí mismo está el significado de dichas visiones. De modo que cuando el texto mismo nos dice el significado de una visión profética, no podemos darle un significado diferente.

¿Qué ocurre con la visión de Pedro? al final del capítulo 10 de Hechos aparece el significado de la visión. El texto nos dice el significado de las palabras “lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro”, al llegar donde Cornelio, Pedro descubre el significado de la visión, y descubre que no tiene NADA que ver con la comida. De modo que nosotros no podemos cambiar el significado de la visión y afirmar que significa que sí podemos comer cualquier tipo de animal.

Fue una orden del Cielo, ¿por qué Pedro no obedeció?

Algunas personas cuestionan este detalle: aparece una visión del Cielo y una voz comienza a hablar (una voz que tenemos razones de sobra para asumir que es la voz de Dios, o que al menos habla en su nombre), y le da a Pedro una orden, “mata y come”, pero Pedro no obedece. ¿Por qué Pedro no obedece? ¡el Cielo le estaba dando una orden! ¡¿Qué pasó?!. Bueno, de hecho como cristianos estamos muy familiarizados con el concepo por el cual Pedro decide no obedecer.

“Pero aun si alguno de nosotros o UN ÁNGEL DEL CIELO les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!” – Gálatas 1:8 NVI

Vean lo que dice Pablo: si un Ángel del Cielo les predica un evangelio distino, que caiga bajo maldición. Pablo le dice a las comunidades en Galacia, que el evengelio que conocen es el verdadero, y que no hay otro, que no crean en ningún otro evangelio aún así sea un Ángel mismo del Cielo quien se los predique.

Bueno, exactamente lo mismo ocurre con Pedro y su obediencia por la Ley judía.

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, CUIDANDO DE OBRAR CONFORME A TODA LA LEY QUE MI SIERVO MOISÉS TE MANDÓ; NO TE APARTES DE ELLA NI A LA DERECHA NI A LA IZQUIERDA, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.” – Josué 1:7 RVR95

Porciones como esta de Josué 1:7 aparecen por todas partes en el Antiguo Testamento: sigue la Ley que Dios te ha dado, no te apartes ni a la derecha di a la izquierda, escucha estos preceptos, estatutos y mandamientos, y actúa conforme a ellos. Varios capítulos de Deuteronomio se dedican a repetir esa misma idea una y otra, y otra vez. El rey David decía “lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera en mi camino”, también decía “cuán dulces son a mi paladar tus palabras, más dulces que la miel”. El salmo 119, el más largo de la Biblia, el rey David se lo dedica a la Ley. Algunas personas erróneamente piensan que este salmo está dedicado a la Biblia completa, pero no lo está; por la simple y sencilla razón que la Biblia completa aún no existía en ese tiempo. ¿Entonces qué es lo que está alabando el rey David en los 176 versículos del salmo 119?, pues a la Ley de Dios, los primeros 5 libros de la Biblia, el Pentateuco, la “Torah”. David dice que ama la Ley (Salmo.119:97) y dice que gracias a ella ha adquirido inteligencia y se ha alejado del camino de mentira (Sl.119:104).

La Ley lo era todo para estos individuos (NO para salvación, sino simplemente porque Dios lo ordenaba y porque sus vidas eran mejores siguiendo esa Ley), la observancia y el cumplimento de la Ley era una parte medular en la vida de las personas de la Biblia… ¿y de repente viene una voz del cielo y le ordena a Pedro que quebrante dicha Ley comiendo animales impuros? ¡eso no era posible! aunque fuera una voz del Cielo, no tenía sentido una orden que contradijera lo establecido desde tiempo de Moisés y lo que estaba escrito en toda la Ley, los profetas y los libros sapienciales, y aquello que con tanto esmero habían aprendido estos individuos. ¿La única explicación lógica? que la visión debía tener un significado diferente que no tuviese ninguna relación con la comida, y Pedro trató de descifrarlo:

“Pedro no atinaba a explicarse cuál podría ser el significado de la visión. […]” – Hechos 10:17 NVI

Observemos que Pedro no se aventuró a adivinar el significado de la visión. Del mismo modo, como cristianos del siglo XXI no debemos aventurarnos a darle un significado a la visión sin haber leído por lo menos el capítulo completo. Pedro fue quien tuvo la visión y él mismo no se atrevió a darle un significado, ¿cómo podríamos dárselo nosotros que no estábamos ahí?.

La realidad entre Judíos y gentiles en aquella época

Para entender este pasaje, debemos entender como era la relación de los judíos con las personas de otros pueblos. Por ponerlo en palabras simples, solo digamos que los judíos no se llevaban bien con los gentiles. De hecho, muchos judíos tenían la creencia errónea de que los gentiles eran impuros. ¿Por qué los judíos tenían esta idea? seguramente por el antisemitismo que habían ya experimentado previamente, como cuando Antíoco Epífanes invadió Israel y quiso obligar a los judíos a abandonar su la Ley y costumbres para adoptar la religión y costumbres griegas. Experiencias como esas, habían hecho que los judíos mantuvieran cierto recelo hacia los gentiles.

En los evangelios, vemos algunas pistas de esta situación:

“Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea que había salido de aquella región comenzó a gritar y a decirle:
—¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaron diciendo:
—Despídela, pues viene gritando detrás de nosotros.
Él, respondiendo, dijo:
—No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo:
—¡Señor, socórreme!
Respondiendo él, dijo:
—No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros.
Ella dijo:
—Sí, Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Entonces, respondiendo Jesús, dijo:
—¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres.
Y su hija fue sanada desde aquella hora.” – Mateo 15:21-28 RVR95

Quizás nunca nos hayamos percatado, pero la respuesta de Jesús hacia la mujer cananea no fue una respuesta muy dulce. Vale la pena aclarar que en aquel entonces decirle “perro” a una persona no resultaba tan ofensivo como puede resultar hoy en día. En aquel entonces, la expresión “perro” era utilizada para referirse a los gentiles, a los extranjeros, a las personas de otros pueblos. Teniendo eso en consideración, Jesús no insultó a la mujer cananea al compararla con los perros, pero lo que sí salta a la vista es que de entrada no le concedió su petición.

Muchas personas lo interpretan como que Jesús estaba poniendo a prueba la Fe de la mujer cananea. Pero no fue así. La verdad es que Jesús tenía su misión muy clara, y él sabía que había sido enviado para las ovejas perdidas del pueblo de Israel. ¿Y predicarle el evangelio a las naciones? eso Jesús se lo encargaría después a sus discípulos, pero no era la misión de Jesús en ese momento.

Veamos otro ejemplo:

“Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniera y sanara a su siervo. Ellos se acercaron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole:
—Es digno de que le concedas esto, porque ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga.
Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole:
—Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo, por lo que ni aun me tuve por digno de ir a ti; pero di la palabra y mi siervo será sanado, pues también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a éste: “Ve”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.
Al oír esto, Jesús se maravilló de él y, volviéndose, dijo a la gente que lo seguía:
—Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.” – Lucas 7:3-9 RVR95

Cuando leemos esta historia, usualmente pensamos que el centurión tenía una gran humildad (lo cual probablemente es cierto) y que a eso se debió su respuesta de “no soy digno de que entres en mi casa”. Sin embargo, prestemos atención lo que dice la primera parte: el centurión envió unos ancianos de los judíos para pedirle a Jesús que viniera a sanar al siervo, y estos ancianos le dijeron “este hombre es digno de que le concedas esto”. ¿A qué viene esa intercesión de los ancianos judíos en nombre del centurión?. Pues obedece a lo que estamos hablando: los judíos y gentiles no tenían buenas relaciones. Si el centurión hubiese venido personalmente donde Jesús o hubiese enviado a un siervo romano, Jesús probablemente habría reaccionado como reaccionó con la mujer cananea. Luego, viene el mensaje del centurión de “no soy digno de que entres en mi casa”. Dicho mensaje tenía un precedente, y es que en aquel entonces los judíos no entraban en casa de los gentiles. El centurión sabía que los judíos no entraban en casa de gentiles, y por eso le mandó a decir a Jesús que no se molestara en ir hasta a su casa sino que simplemente dijera una palabra para que su siervo fuera sano. Este punto es muy importante, porque nos ayudará a entender el desenlace de la historia entre Pedro y Cornelio.

¿Cómo terminó la historia entre Pedro y Cornelio?

Los siervos de Cornelio llegaron a buscar a Pedro después de que éste había tenido la visión, y el Espíritu ordenó a Pedro ir con ellos.

Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: «Tres hombres te buscan. Levántate, pues, desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado». – Hechos 10:19-20 RVR95

Pedro fue con ellos, cuando llegó a casa de Cornelio encontró a éste reunido con sus parientes y amigos cercanos para recibirlo. Cuando Pedro estuvo ahí dijo las siguientes palabras:

Hablando con él, entró y halló a muchos que se habían reunido. Y les dijo:
—Vosotros sabéis cuán abominable es para un judío juntarse o acercarse a un extranjero, pero a mí me ha mostrado Dios QUE A NADIE LLAME COMÚN O IMPURO.” – Hechos 10:27-28 RVR95

Éste es el momento de la revelación, aquí es cuando Pedro entiende el significado de la sábana con animales impuros y las palabras “lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro”. Efectivamente, la visión no tenía NADA que ver con comida, y Pedro tomó la decisión correcta al no obedecer cuando la visión le dijo “mata y come”. En ese momento, Pedro entendió que las palabras “lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro” no se refería a la comida, sino que se refería a personas. Pedro entendió que no debía llamar impuras a las personas que habían encontrado agrado a los ojos de Dios.

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo:
—En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que lo teme y hace justicia.” – Hechos 10: 34-35 RVR95

Lo que ocurre después, es sumamente importante para entender la predicación del evangelio a los gentiles y su inclusión dentro de los pactos y promesas que Dios le había hecho al pueblo de Israel. Lo que ocurrió después, fue un suceso clave para entender las decisiones que después toman en el concilio de Jerusalén en Hechos 16.

“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramara el don del Espíritu Santo, porque los oían que hablaban en lenguas y que glorificaban a Dios.” – Hechos 10:44 RVR95

Si recordamos lo que aprendimos sobre Pentecostés (si no ha leído el artículo, puede leerlo aquí), en Hechos 2 el Espíritu Santo fue derramado sobre todas las personas que estaba en el templo de Jerusalén celebrando la fiesta bíblica de Shavuot. Sin embargo, todos los que recibieron ese día el Espíritu Santo, todos los que presenciaron ese acontecimiento, y todos los que se convirtieron ese día, eran todos judíos. En Pentecostés no había un solo gentil como Cornelio presente. Sin embargo, el derramamiento de Espíritu sobre Cornelio y su casa en Hechos 10 es sumamente importante, porque representa la inclusión de los gentiles dentro del plan de Dios, dentro de las promesas de Dios, y porque con esto también se cumple la profecía de Joel que Pedro cita en Pentecostés en Hechos 2, aquella de “En los últimos días derramaré mi Espíritu sobre TODO GÉNERO”, ese “todo género” significa que no solo sobre judíos será derramado el Espíritu, sino también sobre personas de todos los pueblos.

Otro punto interesante, es que en ese pasaje mencionan a los fieles de la circuncisión, quienes predicaban que para ser salvos era necesario circuncidarse de acuerdo a la Ley de Moisés. El texto dice que quedaron atónitos al ver lo que ocurre, pues según sus creencias no era posible que el Espíritu se derramara sobre personas que no se habían convertido al judaísmo circuncidándose de acuerdo a la Ley de Moisés. Sin embargo, Dios dejó en evidencia, una vez más, que cuestiones de este género son por gracia y no por obras de Ley. La Ley tiene su lugar, pero no es para obtener salvación ni para ser más digno de recibir el Espíritu de Dios.

Algunas conclusiones

  • La visión de Pedro no tiene nada que ver con comida. Las palabras “mata y come” y “lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro” no tienen ninguna relación con aquello que podemos o no comer; de modo que no podemos tomar este pasaje para afirmar que los mandamientos relacionados con los animales puros e impuros están abolidos.
  • En cuanto a intepretación bíblica, si el texto ya nos da un significado de una alegoría, visión o profecía, entonces no podemos decir que tiene un significado diferente al que el texto mismo ya nos está dando.
  • Dios no hace acepción de personas, no nos discrimina según nuestra raza o nuestro pueblo, sino que se agrada de todo aquel de nosotros que le teme y hace justicia.

Pentecostés: ¿qué ocurrió ese día?

Pentecostes

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.” – Hechos 2:1-4 NVI

Todo cristiano está familiarizado con la historia de pentecostés y la venida del Espíritu Santo. Los movimientos pentecostales, que dicen caracterizarse por manifestaciones del Espíritu Santo, se basan en esta historia. Las personas interesadas en los aviviamientos, toman esta historia como modelo bíblico de lo que un avivamiento debería ser (si a alguien le interesa el tema de los aviviamentos, le recomendamos nuestro artículo sobre los Avivamientos y el calendario de fiestas bíblicas). Y por supuesto, está la línea cristiana que dice que Pentecostés fue el momento en el cual dio inicio la iglesia. Pero, ¿qué ocurrió en ese día? ¿por qué estaban los discípulos en ese lugar? ¿por qué ocurrió en este día y no en otro día del año? ¿qué significó esta manifestación de Espíritu Santo?

Comencemos por el principio: la Fiesta Bíblica de las Semanas

“Contarás siete semanas a partir del día en que comience la cosecha del trigo. Entonces celebrarás en honor del Señor tu Dios la fiesta solemne de las Semanas, en la que presentarás ofrendas voluntarias en proporción a las bendiciones que el Señor tu Dios te haya dado. Y te alegrarás en presencia del Señor tu Dios en el lugar donde él decida habitar, junto con tus hijos y tus hijas, tus esclavos y tus esclavas, los levitas de tus ciudades, los extranjeros, y los huérfanos y las viudas que vivan en medio de ti. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto; cumple, pues, fielmente estos preceptos.” – Deuteronomio 16:9-12 NVI

Primero demos un poco de contexto. En la Biblia hay 7 fiestas decretadas por Dios mismo:

  1. Pascua
  2. Panes sin levadura
  3. Primicias
  4. Fiesta de las semanas
  5. Fiesta de trompetas
  6. Día de Expiación
  7. Fiesta de tabernáculos

Las fiestas de Pascua, panes sin levadura y primicias se celebran seguidas. Después de Primicias, se cuentan 7 semanas, osea 7 veces 7 días, y 7×7=49. Pasadas estas 7 semanas, son 50 días. Esta fiesta en hebreo es llamada “Shavuot” que significa “semanas”, y en griego fue llamada “pentecostés” que significa “el quincuagésimo día”. Dado que la Ley mandaba una serie de sacrificios y ofrendas en el Templo, estas fiestas se volvieron fiestas de peregrinaje. Los judíos que vivían en el extranjero viajaban 3 veces al año a Jerusalén para presentar sus ofrendas: el primer viaje para Pascua, panes sin levadura y Primicias; el segundo viaje para Pentecostés; y el tercer viaje para Fiesta de trompetas, día de expiación y fiesta de tabernáculos, que también son 3 fiestas que se celebran seguidas. Sin embargo, muchas personas hacían únicamente dos viajes, pues después de Primicias preferían esperar las 7 semanas en Jerusalén para la fiesta de Shavuot, y es por eso que vemos que Jesús le dice a sus discípulos:

“Una vez, mientras comía con ellos, les ordenó:
—No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado: Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.” – Hechos 1:4 NVI

¿Por qué Jesús los mando a quedarse en Jerusalén? porque pronto vendría la fiesta de Shavuot, y debían quedarse ahí, pues era el día que Dios había escogido para enviar al Espíritu Santo.

¿Por qué Shavuot?

¿Por qué el Eterno escogió Shavuot para enviar al Espíritu Santo?. En primer lugar, porque era una fiesta de peregrinación, y habría muchos judíos provenientes de muchos lugares que podrían atestiguar este acontecimiento. Es por eso que, cuando los discípulos comenzaron a hablar en otras lenguas, el texto dice:

Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. Desconcertados y maravillados, decían: «¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!» Desconcertados y perplejos, se preguntaban: ¿Qué quiere decir esto?” – Hechos 2:5-12 NVI

Por supuesto que esto causó una gran conmoción. Judíos de todas las naciones alrededor llegan al Templo en Jerusalén, y se encuentran un grupo de personas que hablan en lenguas extranjeras, entre las cuales están las lenguas de los lugares de donde ellos venían. Esto provocó que ese día unas tres mil personas reconocieran a Jesucristo como el Mesías que habían estado esperando, y que llevaran esta buena nueva al país de donde venían.

Sin embargo hay otra razón. Pedro hace referencia a una profecía de Joel:

“En realidad lo que pasa es lo que anunció el profeta Joel:
»“Sucederá que en LOS ÚLTIMOS DÍAS —dice Dios—,
derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano.
Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán,
tendrán visiones los jóvenes
y sueños los ancianos.”
– Hechos 2:16-17 NVI

Pedro nos habla de “los últimos días”. ¿Qué son esos “últimos días”? Expresiones como “los últimos días”, “aquellos días” o “aquel tiempo” son utilizadas por los profetas del Antiguo Testamento para referirse al tiempo de la venida del Mesías. Una de las cosas que se dice de “aquellos días” está en Jeremías 31, que es posteriormente también citado en Hebreos 8, el cual dice:

“Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel —afirma el Señor —: Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.” – Jeremías 31:33 NVI

En Shavuot se celebraba algo más: se conmemoraba la entrega de los Mandamientos en el monte Sinaí. La Pascua conmemora la salida de los israelitas de Egipto, y algunos días después de la salida de Egipto fue entregada la Ley en el Sinaí, algo que se conmemora en Shavuot. En Hechos 2 dio inicio esta profecía de Jeremías: así como en el Sinaí la Ley fue entregada en piedra, en Hechos 2 en Pentecostés la Ley es grabada en la mente y corazón de aquellos que recibieron el Espíritu Santo. Por supuesto, esa profecía de Jeremías aún no se cumple en su totalidad, pues en el versículo 34 dice que en “aquel tiempo” ya nadie le enseñará a su prójimo sobre Dios porque ya todos lo conocerán. Esa parte aún no se ha cumplido, porque aún estamos lejos de que todo ser humano en el mundo conozca a Dios. Pero la profecía se comenzó a cumplir ese día de Shavuot. Ésta y también muchas otras profecías que hablan sobre “aquel tiempo”, comenzaron ese día.

¿Aquí fue cuando comenzó la iglesia?

Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas.” – Hechos 2:41 NVI

Una de las cosas que se afirma del derramamiento de Espíritu Santo en Pentecostés, es que este día dio inicio la iglesia de Cristo. Esta es una afirmación de la línea del pensamiento cristiano evangélico, pues en el catolicismo romano consideran que la iglesia fue fundada por Cristo en Mateo 16 cuando Pedro reconoce que Jesús es el Cristo, y Jesús le dice que le dará las llaves del cielo y de la tierra. Dado que en este artículo no estamos analizando Mateo 16, dejaremos la postura católica romana para otro día y nos enfocaremos en la idea de que la iglesia dio inicio en Hechos 2, que es la porción bíblica que estamos analizando en ese artículo. Primero que nada, debemos definir dos cosas:

  • Qué se entendía por “iglesia” en el siglo I
  • Qué entendemos por “iglesia” los cristianos del siglo XXI

Veamos si alguno de esos dos conceptos dio inicio en Hechos 2.

Asambleas, sinagogas e iglesias

“Pablo, apóstol, no por investidura ni mediación humanas, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que lo levantó de entre los muertos; y todos los hermanos que están conmigo, a las IGLESIAS de Galacia:” – Gálatas 1:1-2 NVI

Este texto es el saludo que Pablo da en su saludo en la carta a Gálatas. Como vemos, la carta está dirigida a todas las “iglesias” en Galacia. Pero la carta a Gátalas no fue escrita en español, fue escrita en griego. ¿Qué palabra utilizó Pablo para “iglesias”?, Pablo utilizó la palabra “ecclesia” (ekklēsia). Esta palabra tiene una peculiaridad: ecclesia, en el mundo griego, se refiere a una congregación de ciudadanos que se reúnen para discutir asuntos varios; pero hay un pequeño problema con la palabra “ecclesia” y es que se refiere a una congregación de caracter secular, no religiosa. ¿Por qué entonces el apostol Pablo ocupa esta palabra “ecclesia” para referirse a una comunidad de creyentes eminentemente religiosa?. Por que, por otro lado, está la palabra griega “sinagoga” (sunagōgē) que hace referencia a una congregación religiosa. Pero “sinagoga” tenía otro problema, y es que se refiere a una congregación religiosa de cualquier tipo, lo cual incluía congregaciones religiosas paganas, y por ese motivo Pablo no podía dirigirse a las “sinagogas en Galacia”, porque eso habría abarcado también a las congregaciones religiosas paganas en dicho territorio. Pero si ambas palabras, ecclesia y sinagoga, tenían un problema, ¿por qué Pablo decidió utilizar “ecclesia”?, porque Pablo estaba familiarizado con el griego de la Septuginta (la traducción griega del antiguo testamento), y en la Septuaginta se había estandarizado el uso de la palabra “ecclesia” para traducir la palabra hebrea “kehilah”, la cual se refería a una congregación de creyentes pero nunca de paganos. De modo que para los judíos que hablaban griego, “ecclesia” era utilizada para referirse a una “kehilah”, a pesar de que en el mundo griego “ecclesia” tuviese una connotación un poco diferente.

La palabra “kehilah” aparece muchísimas veces en el Antiguo Testamento, sin embargo nuestras traducciones al español de la Biblia siempre la traducen como “congregación” o “asamblea” y nunca como “iglesia”. Pero cuando aparece la palabra “ecclesia” en el Nuevo Testamento, nuestras traducciones al español de la Biblia siempre la traducen como “iglesia”… o mejor dicho, casi siempre, pues hay una excepción:

“Este mismo Moisés estuvo en la asamblea en el desierto, con el ángel que le habló en el monte Sinaí, y con nuestros antepasados. Fue también él quien recibió palabras de vida para comunicárnoslas a nosotros.” – Hechos 7:38 NVI

Revisemos otra versión:

“Éste es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida para darnos.” – Hechos 7:38 RVR95

¿Cuál creen ustedes que es la palabra en el griego original que se utiliza en este pasaje, que la NVI traduce como “asamblea” y la Reina-Valera 1995 traduce como “congregación”?. Pues la palabra utilizada es “ecclesia”, la misma palabra que Pablo ocupa cuando dice “iglesias en Galacia”. Algunas traducciones de la Biblia sí traducen en este pasaje “ecclesia” como “iglesia”, algunas versiones son: la Biblia Jubileo 2000, la Reina-Valera-Gómez, Sagradas Escrituras 1569 e incluso la famosa King James Version en inglés ocupa “Church” en este pasaje.

¿Por qué hay versiones de la Biblia que ocupan “congregación” o “asamblea” en Hechos 7:38 para traducir la palabra Ecclesia en lugar de utilizar “iglesia” como en el resto del Nuevo Testamento?. Probablemente es porque hablar de que Moisés estuvo con la iglesia en el desierto (recibiendo la Ley de Dios en el Sinaí) iría en contra de la postura de que la iglesia apareció en el siglo I. Entonces, ¿inició la iglesia en Pentecostés?. La respuesta sería que no, la iglesia no dio inicio en Pentecostés, porque como vemos “iglesia” o “ecclesia” en aquel contexto hacía referencia a una kehilah, a comunidad de creyentes, y dicho concepto existía por lo menos desde el tiempo de Moisés, pues la misma Biblia nos habla de Moisés y una iglesia en el desierto.

La iglesia según la noción del siglo XXI

Probablemente alguien en este punto podría afirmar que el concepto de iglesia que tenemos en el siglo XXI ha evolucionado desde los tiempos bíblicos y que la iglesia como la entendemos ahora sí dio inicio en Pentecostés. Muy bien, analicemos esa postura.

Primero que nada, en términos generales, ¿qué entienden los cristianos del siglo XXI por “iglesia”?. Para comenzar, en general los cristianos no se consideran parte del pueblo de Israel, de modo que la iglesia podría definirse como el conjunto de gentiles (osea, no judíos) y extranjeros (osea, personas externas a Israel) que creen en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, y creen que Jesús de Nazaret es el Mesías que ese Dios prometió, y lo siguen como maestro. Eso sería la iglesia así como la entendemos modernamente. Dependiendo de la línea cristiana, la función de la iglesia varía: algunos afirman que Dios tiene dos pueblos, Israrel y la Iglesia, y que trata con cada uno con reglas diferentes; hay otra postura que dice que la iglesia está conectada a Israel por medio del mesías, y que Dios trata con ambos por igual; e incluso hay una postura que dice que la iglesia sustituye a Israel como pueblo de Dios, y que la iglesia hereda todas sus promesas de Dios hacia Israel. En este artículo tampoco nos enfocaremos en cuál de esas tres posturas será la más acertada, en este momento lo único que queremos dejar claro es esto: la iglesia es un concepto aparte del pueblo de Israel, y es algo que existe sin lugar a dudas.

Muy bien, ese concepto de iglesia, ¿dio inicio en Pentecostés en Hechos 2?. La respuesta también es que no, pues ese día en Pentecostés todos los reunidos en el Templo eran judíos, y estaban ahí reunidos porque estaban celebrando la fiesta de Shavuot, no hay razón para que ahí hubiese un solo gentil. Habían extranjeros, pero eran judíos que vivían fuera de Israel y se consideraban parte del pueblo de Israel aunque no vivieran en esa tierra. Las tres mil personas que aceptaron ese día a Cristo, eran todos judíos, Como dato adicional, los cinco mil que se convierten en Hechos 3 y 4 con el discurso de Pedro también eran todos judíos. El primer gentil, el primer no-judío que recibe a Cristo y sobre el cual es derramado el Espíritu Santo es Cornelio, quien aparece hasta Hechos 10. Sería mucho más fácil intentar respaldar la postura de que la iglesia inicia en Hechos 10 con Cornelio, pero no parece haber ninguna línea cristiana que tengan interés en defender dicha postura.

Shavuot, ¿qué significado debería tener para los cristianos?

“En los postreros días —dice Dios—, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños;” – Hechos 2:17 RVR95

En Hechos 2, los discípulos estaban reunidos en el Templo porque estaban celebrando Shavuot. Ése es el nombre de la fiesta que estaban celebrando, Pentecostés es el nombre griego, pero su nombre original en hebreo es Shavuot. Los discípulos de Cristo estaban en el templo reunidos celebrando esta fiesta, y del mismo modo que en el Sinaí hubo un estruendo en el cielo, se escuchó la voz del Señor y Él entregó sus mandamientos, pues en Hechos 2 dice que también hubo un estruendo en el cielo y todos fueron llenos del Espíritu Santo.

Ante la sorpresa de la gente por lo que ocurría, Pedro se alzó y dio una explicación a lo que estaba pasando, y cita esta profecía de Joel. ¿Qué dice la profecía de Joel? ¿acaso dice “derramaré mi Espíritu sobre todo sacerdote católico”? no, no dice eso. ¿Acaso dice “derramaré mi Espíritu sobre todo pastor evangélico”? no, tampoco dice eso. O ¿acaso dice “derramaré mi Espíritu sobre todo rabino judío”? pues no, aunque los presentes eran judíos tampoco dice eso. La profecía dice “derramaré mi Espíritu sobre TODA CARNE”, el mismo pasaje lo citamos anteriormente en la NVI y dice “sobre TODO GÉNERO”, osea sin hacer acepción de personas, y esta idea es coherente con lo que ocurre en Hechos 10 en la historia de Cornelio, que el Espíritu fue derramado sobre los no-judíos. Ese “todo género” o “toda carne” nos incluye también a nosotros en este tiempo. ¿Y por qué ocurrió esto? para poder dar testimonio. Los que fueron llenos del Espíritu Santo dieron testimonio de que Cristo era el mesías y anunciar el evangelio, y aquellos que vinieron para Shavuot de lugares lejanos los vieron, escucharon sus palabras, creyeron, aceptaron a Cristo, y regresaron a sus hogares y dieron testimonio de lo que vieron y escucharon.

Esto es en lo que deberíamos concentrarnos los cristianos sobre Shavuot en Hechos 2: seguir el ejemplo de los discípulos, dar testimonio de Cristo, y de lo que el evangelio ha hecho en nuestras vidas.

Conclusiones

Los movimientos pentecostales son muy bonitos. Las manifestaciones del Espíritu también lo son, es muy bonito escuchar a alguien que comienza a hablar en lengua desconocida o que alguien reciba profecía. Pero bien dijo el Apostol Pablo:

“Así pues, ya que anheláis los dones espirituales, procurad abundar en aquellos que sirvan para la edificación de la iglesia.” – 1a Corintios 14:12 RVR95

Más que preocuparnos por tener los dones espirituales, preocupémonos por servir para la edificación de la iglesia. ¿Y qué es la iglesia en un sentido práctico? pues es la comunidad de creyentes a la cual pertenecemos. No nos enfoquemos en el concepto de que si la iglesia apareció en Hechos 2, o en Mateo 16, o en Hechos 10, o en el siglo III. Mejor enfoquémonos en dar testimonio de Cristo y del efecto del evangelio en nuestras vidas. Y del mismo modo, si poseemos algún don espiritual, pongámoslo al servicio de nuestra comunidad, para anunciar y enseñar el evangelio. Ésa es la misión con la cual salieron del templo los discípulos en ese Shavuot en Hechos 2, y esa es también nuestra misión como cristianos.

¿En qué consiste amar a Dios?

Amor de Dios

“Y uno de ellos, intérprete de la Ley, preguntó para tentarlo, diciendo: —Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la Ley? Jesús le dijo: —’Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ Éste es el primero y grande mandamiento.” – Mateo 22:34-38 RVR95

El amor a Dios es uno de los principios más promovidos en el cristianismo moderno, y éste pasaje anterior es su principal fundamento. A todas partes donde vamos podemos ver proclamaciones sobre el amor a Dios como las calcomanías en los carros y en los cuadernos, o publicaciones en redes sociales. Es muy común escuchar predicadores hablar de “enamorarse de Dios” y por supuesto los largos tiempos de alabanza y adoración musical se supone que son una manifestación de ese amor que se supone que las personas le tienen al Creador. Sin embargo, cuando Dios entregó la Ley al pueblo de Israel y les dijo “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deu. 5:5) y luego Jesús cita esas palabras en Mateo 22, ¿a qué se refería Dios? ¿esperaba Dios que nos “enamoráramos” de Él como un colegial que se enamora de su primer amor de juventud? ¿quería Dios que le mostráramos amor cantándole durante horas? ¿pretendía Dios que mostráramos amor por Él leyendo metódicamente la Biblia todos los días? ¿quería Dios que pensáramos en Él día y noche como un adolescente enamorado?

En esto consiste amar a Dios

“Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.” – Juan 14:15 NVI

¿En qué consiste amar a Dios? la respuesta a esta pregunta es simple y la Biblia nos la da de forma clara: amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos.

“¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.” – Juan 14:21 NVI

¿Quién es el que ama a Cristo? aquel que hace suyos sus mandamientos y los obedece. Y a través de esa persona es que Dios se manifestará, y no solo eso, sino que el texto dice que Dios también lo amará. La Biblia es clara, como ven no hay necesidad de interpretar nada, todo está claro como el agua.

“El que no me ama, no obedece mis palabras. Pero estas palabras que ustedes oyen no son mías sino del Padre, que me envió.” – Juan 14:24 NVI

Aquel que dice que ama a Dios pero no obedece sus mandamientos, no lo ama en realidad. No importa si canta muy bonito los domingos en la iglesia, no importa si en su carro tiene un gran sticker que diga que ama a Cristo, y no importa si lee la Biblia todas las noches durante una hora – ciertamente no importa si no aplica lo que ahí lee – amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos.

En qué NO consiste amar a Dios

Amar a Dios no consiste en cantarle con gran furor todos los domingos en la iglesia. Amar a Dios tampoco consiste en pegar stickers en mi carro, cuaderno, agenda o colocar cuadros en mi casa que digan que amo a Dios. Y si leo la Biblia todos los días fielmente pero no estoy aplicando lo que ahí leo, pues tampoco amo a Dios en realidad.

Ese idea de “enamorarse de Dios” no tiene un fundamento bíblico real, sino que es una malinterpretación del texto de Mateo 22:34-38. La malinterpretación de ese principio incluso ha llevado a cristianos a afirmar que las personas deben “enamorarse de Dios” y sentirse satisfechas únicamente con ese amor, al punto en que no tengan la necesidad de encontrar una pareja para casarse, que casarse sea solamente una opción y no una necesidad. Aunque este razonamiento tiene la buena intención de invitarnos a que no basemos nuestra felicidad en encontrar una pareja, tiene un enorme vacío: casarse es un mandamiento; porque escrito está “el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y serán una sola carne”, así aparece en Génesis 2:24 y luego Jesús lo cita en Mateo 19:5 mientras habla del divorcio. Es un mandamiento, y ¿quién es el que ama a Dios? aquel que cumple sus mandamientos. Por lo tanto, si una persona ama a Dios en verdad, procurará cumplir sus mandamientos, entre los cuales está el mandamiento de casarse, por lo tanto quien ame a Dios procurará cumplir el mandamiento de casarse.

Cumpliendo solo el 50% de la Ley

Un gran problema con el pasaje que citamos al comienzo es que la gente lo cita a medias, citemos el pasaje completo.

“Y uno de ellos, intérprete de la Ley, preguntó para tentarlo, diciendo: —Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la Ley? Jesús le dijo: —’Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo.’ De ESTOS DOS MANDAMIENTOS dependen toda la Ley y los Profetas.” – Mateo 22:35:40 RVR95

Supongamos por un instante que esas prácticas que se supone demuestran nuestro amor a Dios son válidas: cantarle en la iglesia durante horas, tapizar mis cuadernos con stickers cristianos, llenar mi muro de Facebook de versículos bíblicos, leer la Biblia durante horas en mi habitación. El problema es que con esas prácticas (suponiendo que fuesen válidas) solo estamos cumpliendo la mitad de los mandamientos, solo cumplimos el 50% de la Ley. Primero que nada, cuando Jesús dijo que de estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los profetas, mucha gente cree que únicamente con “cumplir” estos dos mandamientos podemos olvidarnos de cumplir todos los demás. Pero ¿tiene sentido eso? ¿en vista que amo a Dios entonces ya puedo trasgredir el mandamiento de tomar su nombre en vano? ¿será que como amo a mi prójimo entonces puedo robarle y codiciarle a la mujer?. No, el sentido común nos indica que no puede ser así como esto funciona. Jesús nos dice que de esos dos mandamientos DEPENDEN todos los demás, osea que todos los demás mandamientos se basan en estos dos (que por cierto, están en la Ley de Moisés: Deuteronomio 5:5 y Levítico 19:18), y que si procuramos cumplir estos dos mandamientos eventualmente cumpliremos todos los demás.

Por lo tanto, si únicamente nos preocupamos por amar a Dios, por agradar a Dios, por mostrarle amor a Dios, y descuidamos el mandamiento de amar al prójimo, pues estamos descuidando la mitad de los mandamientos. Deberíamos preocuparnos por amar al prójimo tanto como nos preocupamos por amar a Dios.

“Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: «El que ama a Dios, ame también a su hermano.»” – 1a Juan 4:20-21 RVR95

Aquí el Apostol Juan nos dice algo de sentido común: ¿cómo amaremos a Dios, que nunca hemos visto, si no amamos a nuestro prójimo que sí lo vemos?. El Apostol Juan nos dice tambien que el amor a Dios es inseparable del amor al prójimo. Por lo tanto si pretendemos amar a Dios, tenemos también que procurar amar al prójimo.

Conocer a Dios

“En esto sabemos que nosotros lo conocemos, si guardamos sus mandamientos.” – 1a Juan 2:3 RVR95

Guardar los mandamientos de Dios no solo implica que lo amamos, implica que lo conocemos. Si no guardamos sus mandamientos, no solo significa que no lo amamos en verdad sino que además significa que no lo conocemos.

“El que dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él. Pero el que guarda su palabra, en ése verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” – 1a Juan 2:4 RVR95

¿Quién es el que guarda la palabra de Dios? el que guarda sus mandamientos. ¿En quién se perfecciona el amor a Dios? en quien guarda su palabra, osea en quien guarda sus mandamientos. Aquel que diga que permanece en Cristo es quien anduvo como él anduvo, osea quien guarda los mandamientos como él los guardó.

“Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios.” – 1a Juan 4:7 RVR95

¿Qué hago para amar a Dios? ¿con qué mandamientos comienzo?

Una vez establecido que amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos, puede surgir la pregunta ¿qué mandamientos cumplo?. La respuesta a esa pregunta es sencilla: podemos cumplir todos los mandamientos, pues Cristo dijo durante el sermón del monte:

“No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento. Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido. Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos.” – Mateo 5:17-19 NVI

En esta porción Jesús nos dice que él no abolió, ni anuló, ni borró nada de lo que está escrito en los libros de la Ley (los primeros cinco libros de la Biblia) ni nada de lo que fue dicho por los Profetas. ¿Aún existe el cielo? ¿aún existe la tierra? entonces ni la letra más pequeña del Antiguo Testamento ha perdido validez. Jesús nos dice que cualquiera que se esfuerce en cumplir hasta el más pequeño mandamiento de la Ley, y enseñe a otro a hacer lo mismo, será llamado grande en el reino de los cielos; pero Jesús también nos dice que cualquiera que quebrante hasta el más pequeño de los mandamientos y le enseñe a otro “no, eso no debes cumplirlo… no te preocupes por cumplir ese mandamiento, eso ya no tiene validez”, pues esos serán llamados pequeños en el reino de los cielos.

Entonces, ¿cuáles mandamientos puedo cumplir? pues todos. Sin embargo, la Ley es extensa, es compleja, es difícil de entender en muchas partes y es por consiguiente difícil de aplicar. Además, recordemos que no cumpliremos los mandamientos por Salvación (pues somos salvos por gracia), sino por amor a Dios, lo cual significa que debemos hacer nuestro mejor esfuerzo pero dentro de nuestras posibilidades y capacidades. Entonces necesitamos un lugar por donde comenzar, necesitamos un punto de partida, saber dónde dar el primer paso. Como cristianos, un magnífico primer lugar para dar ese primer paso es el sermón del monte, que son aplicaciones prácticas que Cristo nos da sobre cómo aplicar los mandamientos. ¿Amas Dios y quieres cumplir sus mandamientos?, pues aquí hay algunas cosas prácticas que podemos comenzar a practicar:

  • Hacer buenas obras que glorifiquen a Dios e inspiren a los demás a hacer lo mismo (Mt.5:16)
  • No enojarnos contra nuestro prójimo, no actuar contra él con ira, no insultarlo diciéndole “tonto” u otros insultos similares (Mt.5:21-22)
  • No ver a otras mujeres (y en el caso de las mujeres, no ver a otros hombres) con ojos de deseo (Mt.5:28)
  • Cumplir nuestras promesas, y no hacer promesas que no pretendamos cumplir; ser personas de palabra (Mt. 5:33-36)
  • Hacerle el bien al que nos haga el mal, hacerle el bien a nuestros enemigos; esto no es hipocresía (al menos no bíblicamente) Jesús nos manda a hacerle el bien a nuestros adversarios, sin importar si nos caen bien o mal, sin importar si “me nace” hacerlo, lo importante según el pensamiento bíblico es la acción y no el sentimiento dentro de nosotros (Mt.5:38-48)
  • Hacer obras de caridad sin el propósito de gloficiarnos a nosotros mismos (Mt.6:1-4)
  • Hacer nuestro tiempo de oración y estudio bíblico en privado, y no con la intención de que otros nos vean (Mt.6:5-6)
  • Perdonar a los demás cuando nos ofenden (Mt.6:12,14-15)
  • No obsesionarnos con las riquezas, no ser tacaños (Mt.6:19:34)
  • No juzgar a los demás, no criticar los defectos en los demás, sino evaluarnos a nosotros mismos en primer lugar y autocorregirnos (Mt.7:1-6)

Y por supuesto, el mandamiento nuevo que Cristo nos dio:

“Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.” – Juan 13:34-35 NVI

¿Amas a Dios y quieres demostrárselo?. Entonces procura guardar sus preceptos, esmérate en cumplir sus mandamientos, andar como Cristo anduvo, cumplir los mandamientos anteriormente enlistados y todos los demás mandamientos que aparecen en el resto de la Biblia. Cantarle a Dios está bien, publicar versículos bíblicos en las redes sociales está bien, pegar stickers de temas cristianos en el carro está bien, y ciertamente el tiempo de estudio bíblico en privado está muy bien; pero todos esos deben ser solo detalles que orbiten alrededor del núcleo de aquello en lo que consiste el verdadero amor a Dios: cumplir sus mandamientos.

¿Que dice la Biblia sobre el divorcio?

El divorcioEl tema del divorcio no es muy popular como tema de debate. En la conciencia colectiva de la gente pareciera que existe la idea de que el asunto del divorcio está ya definido y que está establecido que el divorcio no es permitido bíblicamente, y en términos generales esa “verdad” es aceptada por la mayoria independientemente de si les gusta o no. Algunas pocas personas cuestionan si esa “verdad bíblica” debería ser diferente y permitir el divorcio, pero parece que nadie intenta cuestionar el significado del texto bíblico mismo. Pero, ¿de verdad ya está dicho todo lo que se puede decir sobre el divorcio? ¿de verdad ya está definido cómo es esto?. Quizás usted comenzó a leer este artículo creyendo que leería los mismos análisis que se supone que demuestran que la Bibia, y en especial que Jesús, prohiben el divorcio. Si usted comenzó a leer este artículo esperando eso, le tengo una noticia: se llevará una gran sorpresa.

Comencemos por el principio: ¿permite la Biblia el divorcio?

“Cuando alguien toma una mujer y se casa con ella, si no le agrada por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, se la entregará en la mano y la despedirá de su casa. Una vez que esté fuera de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre.” – Deuteronomio 24:1-2 RVR95

Ante la pregunta de si la Biblia permite o no el divorcio, la respuesta es: Sí, la Biblia Sí permite el divorcio. Así queda establecido en Deuteronomio 24.

Algunas personas están familiarizadas con este pasaje pero no le dan importancia porque aseguran que Jesús dijo algo diferene. Primero que nada, el Señor no es un dios cambiante, si lo fuera eso iría en contra del principio “Dios es fiel”, el asegurar que Dios es fiel viene de la base de que Dios es estable y que no cambia. ¿Qué esperanza podríamos tener si Dios fuese cambiante?, podemos confiar en Él justamente porque es fiel, y es fiel porque no cambia.

“Yo, el Señor, no cambio. Por eso ustedes, descendientes de Jacob, no han sido exterminados.” – Malaquías 3:6 NVI

Por lo tanto, Jesús no puede decir algo que contradiga lo que está establecido en la Ley, si la Ley dice que un hombre puede dar carta de divorcio a su esposa entonces Jesús no pudo venir luego a decirnos que Dios cambió de opinión y decidió que el hombre ya no puede darle carta de divorcio a su esposa bajo ninguna circunstancia.

Entonces, ¿qué fue lo que dijo Jesús?

La pregunta de los fariseos

“Algunos fariseos se le acercaron y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: —¿Está permitido que un hombre se divorcie de su esposa POR CUALQUIER MOTIVO?” – Mateo 19:3 RVR95

Antes de analizar lo que Jesús dijo sobre el divorcio, debemos ponerle atención a la pregunta que le hicieron los fariseos, pues lo que Jesús dice sobre el divorcio lo dice en respuesta a la pregunta que le hacen los fariseos. ¿Qué preguntan los fariseos?, como podemos ver, la pregunta de los fariseos NO es “¿es permitido el divorcio?”. Los fariseos asumen que el divorcio es permitido, pues así está establecido en la Ley. La pregunta no es en relación a si el divorcio es permitido o no, sino a cuándo es permitido y cuál es un motivo válido para divorciarse. Dicho de otra manera, la pregunta de los fariseos era en relación que significaba esa expresion “alguna cosa indecente”, que aparece en Deuteronomio 24, por la cual al hombre le estaba permitido dar carta de divorcio a su mujer.

Según las fuentes históricas, en aquel entonces habían dos líneas de pensamiento dominantes: la línea de Hillel y la línea de Shammai. Hillel (abuelo del rabino Gammaliel, maestro de Pablo), tenía una línea de pensamiento muy relajada, y sobre el asunto del divorcio enseñaba que se podía dar carta de divorcio por algo tan simple como que el hombre luego de casarse descubre que su mujer no sabe cocinar; para los seguidores de Hillel ésa era una causa válida de divorcio. Shammai, por su lado, era mucho más estricto y riguroso, tanto en lo ritual como en lo moral, y él había enseñado que para darle carta de divorcio a una esposa era necesario que hubiese una causa de verdadero peso.

Al parecer, en el tiempo de Jesús la corriente dominante era la línea de Hillel, y los hombres daban carta de divorcio por cualquier motivo. De ahí viene la pregunta de los fariseos de si un hombre puede dar carta de divorcio a su esposa por cualquier motivo.

Entonces, ¿Qué dijo Jesús?

Este es el pasaje en el cual se basan para afirmar que Jesús prohibió el divorcio:

“—¿No han leído —replicó Jesús— que en el principio el Creador “los hizo hombre y mujer”, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo”? Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” – Mateo 19:4-6 NVI

Lo que Jesús está diciendo es que el matrimonio no fue hecho para disolverse, sino para perdurar. Pero atención: Jesús nunca dijo que el matrimonio es indisoluble a toda costa. Sin embargo, esta respuesta fue bastante impactante para los fariseos, quienes le preguntaron nuevamente:

“Le replicaron: —¿Por qué, entonces, mandó Moisés que un hombre le diera a su esposa un certificado de divorcio y la despidiera? —Moisés les permitió divorciarse de su esposa por lo obstinados que son —respondió Jesús—. Pero no fue así desde el principio.” – Mateo 19:7-8 NVI

Los fariseos preguntan “¿por qué Moisés MANDÓ dar certificado de divorcio?”, y Jesús contesta que Moisés no los mandó sino que “Moisés les PERMITIÓ divorciarse”. Esto es importante, pues universalmente la ley (no solo bíblica, sino en todas partes) puede hacer tres cosas:

  • Mandar
  • Prohibir
  • Permitir

En el cristianismo moderno decimos que la Biblia y Jesús PROHIBEN el divorcio. Los fariseos de la época de Jesús decían que la Ley MANDABA a divorciarse. Pero Jesús lo que en realidad nos dice que el divorcio está PERMITIDO debido a la dureza de los corazones de las personas, pero que no es el propósito original del matrimonio.

Pero finalmente, ¿qué responde Jesús a los fariseos?. Después de todo, ellos estaban preguntando por una razón válida para dar carta de divorcio. ¿Acaso Jesús no dio ninguna respuesta? eso se podría interpretar como que no existe ninguna razón válida para divorciarse. Pero si continuamos leyendo con mucha atención, veremos que de hecho Jesús sí da al menos una razón para divorciarse:

“Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, SALVO POR CAUSA DE FORNICACIÓN, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.” – Mateo 19:9 RVR95

Revisemos otra versión:

“Les digo que, EXCEPTO EN CASO DE INFIDELIDAD CONYUGAL, el que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio.” – Mateo 19:9 NVI

Como vemos Jesús nos da al menos un caso concreto donde el divorcio es aceptable: infidelidad. Ahora, recordemos que en aquel tiempo el adulterio era castigado con la muerte. Si Jesús dijera que el adulterio ya no era castigado con la muerte sino con dar carta de divorcio, pues estaría cambiando la Ley, y ya establecimos que Jesús no podía hacer eso. Por lo tanto, es posible que esa “infidelidad conyugal” o “fornicación” a la que se refiriera Jesús no se limitara únicamente al acto sexual de infidelidad, sino también a conducta indecorosa, o incluso la sospecha de adulterio (pues si bien es cierto el adulterio era castigado con la muerte, las cortes judías exigían una serie de evidencias para condenar a muerte a una persona por esta razón), o casos en los cuales la infidelidad estaba comprobada, pero el hombre no deseaba entregar a la mujer a las autoridades judías, como el caso de sus padres María y José: ellos estaban comprometidos (en aquel entonces, si estaban comprometidos se consideraban ya como esposos), pero cuando María quedó embarazada por obra del Espíritu, José creyó que María le había sido infiel, José podía acusarla ante las autoridades de adulterio, pero José no quiso hacerlo porque era un hombre justo, así que prefirió simplemente separarse de ella. Ubicando la idea en aquel tiempo: si un hombre había comprobado que su esposa le ha sido infiel, pero no quería entregarla a las autoridades, y tampoco quería vivir con ella debido a su infidelidad, pues ésta podía ser una causa aceptable para divorciarse.

Definamos qué es el adulterio

Tal vez en este momento alguien se pregunte cuál es la definición de “adulterio”. Pues bíblicamente, “adulterio” es cuando una mujer casada tiene relaciones sexuales con un hombre que no es su esposo. No importa si el hombre es casado o soltero, bíblicamente cuenta como adulterio si la casada es la mujer. Recordemos que en la Biblia habían hombres con más de una esposa, por lo cual si un hombre casado tenía relaciones sexuales con una mujer soltera, se consideraba únicamente como una inmoralidad sexual y podía hacer restitución de su pecado si tomaba a dicha mujer como esposa. Es por eso que se consideraba adulterio cuando una mujer casada se involucra con un hombre que no es su esposo. Ahora, Jesús llevó el concepto del adulterio a otro nivel, pues si leemos nuevamente el versículo 9 veremos que dice:

“Les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, EL QUE SE DIVORCIA DE SU ESPOSA, Y SE CASA CON OTRA, COMETE ADULTERIO.” – Mateo 19:9 NVI

Jesús anteriormente había apelado al principio, ¿cómo fue al principio? Dios creó al hombre y luego le creó una sola mujer, por lo tanto debería ser un hombre para cada mujer; por lo tanto si el hombre deja a su esposa y toma otra mujer, adultera. Por lo tanto, si un esposo es infiel también es un motivo válido para que su esposa le solicite el divorcio.

En este punto alguien podría pensar que Jesús estaba cambiando la Ley, pero la Ley nunca establecía cuantas mujeres podía tener un hombre. Aquí Jesús no está cambiando la Ley ni está inventando nada nuevo. Él está citando el Génesis, que también es parte de las Escrituras que obedecían los fariseos, y está extrayendo una aplicación de algo que Génesis establece.

¿Es éste el único motivo válido para divorciarse? ¿Cuál es un motivo válido para divorciarse?

Una vez establecido que el divorcio sí es válido bíblicamente, y se establece que Jesús dio un motivo válido para divorciarse, surge la pregunta: “Entonces, ¿ése es el único motivo válido para divorciarse?”. La respuesta es: No, no lo es. La infidelidad conyugal no es el único motivo por el cual es válido divorciarse.

La pregunta de si el divorcio es permitido es como preguntarle a un médico si es permitido amputar un miembro: la respuesta a ambas preguntas es sí. De modo que cuando preguntamos cuál es un motivo válido para divorciarse es como si le preguntáramos a un médico cuál es un motivo válido para amputar un brazo o una pierna. ¿Qué nos respondería un médico si le preguntamos por un motivo válido para amputar un miembro?, la respuesta es que podemos amputar un miembro cuando la vida de la persona está en peligro, y es preferible que viva sin un miembro a que muera con su cuerpo completo. Eso es el divorcio: es amputarse un miembro. Recordemos que cuando Jesús hablaba del divorcio él dijo:

“Así que no son ya más dos, sino UNA SOLA CARNE; por tanto, lo que Dios juntó no lo separe el hombre.” Mateo 19:6 RVR95

Dado que al casarse el hombre y la mujer se vuelven una sola carne, el divorcio es equivalente a amputarse una parte de uno mismo. Y nuevamente, ¿cuándo es permitido amputar una parte de uno mismo?, cuando la vida está en peligro, y no solo en un sentido literal: la violencia doméstica, el abuso psicológico, la irresponsabilidad financiera, son algunas de las cosas que podrían entrar en esta categoría.

Sin embargo, si me quiero divorciar ¿cómo defino a ciencia cierta si es válido el motivo por el cual me quiero divorciar?. Lamentablemente, Jesús únicamente menciona el adulterio como motivo de divorcio, no hay registro de que alguien le haya consultado por un motivo diferente, pero tampoco es sano que tracemos una línea general y digamos que el adulterio es la única razón válida para divorciarse porque fue el único caso que Jesús menciona. ¿Qué habría dicho Jesús si alguien le expusiera un caso de violencia doméstica? ¿habría estado él de acuerdo? es posible que sí, pero para nuestra mala suerte nadie se lo pregunto. ¿Qué hacemos entonces?.

¿Cómo debería funcionar esto en la práctica?

En los tiempos de Jesús existían en cada comunidad “Beit Din” o “Cortes de Torah”, que se encargaban de regular los asuntos de la comunidad a la luz de las Escrituras. Era lo mismo que hizo Moisés en Éxodo 18 cuando nombró jueces, o como cuando Salomón resolvió la disputa entre las dos mujeres. Estas cortes eran las encargadas de resolver las disputas en una comunidad, y entre otras cosas atendían también los casos de parejas que querían divorciarse. Este principio se practicaba también en los tiempos de la iglesia primitiva, pues eso es de lo que Pablo habla en la primera carta a los Corintios capítulo 5:

“Si alguno de ustedes tiene un pleito con otro, ¿cómo se atreve a presentar demanda ante los inconversos, en vez de acudir a los creyentes? […]. Digo esto para que les dé vergüenza. ¿Acaso no hay entre ustedes nadie lo bastante sabio como para juzgar un pleito entre creyentes? Al contrario, un hermano demanda a otro, ¡y esto ante los incrédulos!” – 1a Corintios 5:1,5-6 NVI

En esta porción Pablo está hablando del hecho de que no hay una corte de creyentes en la comunidad de Corinto (o no la utilizaban) para que resolviera los conflictos entre los miembros de la comunidad. Pablo les dice que debería haber entre ellos personas lo suficientemente sabias como resolver las disputas entre los creyentes de la comunidad y que no deberían llevar sus asuntos a las cortes seculares que obviamente eran dirigidas por inconversos.

Dado que nuestro medio no es tan diferente al medio de la comunidad de Corinto, donde el poder civil y religioso están divididos, y en nuestro medio podemos solicitar el divorcio civil sin involucrar las partes religiosas obligatoriamente, entonces es nuestro deber consultar a nuestra autoridad religiosa previo a solicitar un divorcio civil. Muy bien, pero ¿como debería funcionar esto en nuestro tiempo?.

Todos nosotros asistimos a una iglesia, ¿correcto?. Asistimos a una iglesia en particular a la cual hemos escogido asistir. Si asistimos a una iglesia es porque problemente compartamos la línea teológica de los dirigentes de dicha iglesia. Es decir, creemos lo que los dirigentes de esa iglesia nos digan, ya sea porque nos parezcan inteligentes, o porque nos parece que saben mucho, o porque nos parece que son hombres de Dios, o porque nos parece que tienen dones proféticos y Dios habla a través de ellos. Por lo tanto, si una persona desea divorciarse, lo que debería hacer es dirigirse a la iglesia a la cual escogió para asistir, consultar a los líderes religiosos a los cuales ha decidido seguir, exponerles su caso, consultarles si su caso será válido para un divorcio, y luego proseguir con aquello que sus líderes religiosos le indiquen: divorciarse si ellos lo consideran apropiado, o permanecer casados y tratar de resolver los problemas matrimoniales, y los mismos líderes religiosos estarían obligados a dar consejería sobre cómo mejorar ese matrimonio.

Si usted es de los que asiste a una iglesia porque fue “movido por el Espíritu” para asistir ahi, pero no necesariamente concuerda con todo lo que dice el dirigente de su iglesia, pues Pablo dice en Romanos 13:1 que debemos someternos a las autoridades porque Dios las ha establecido; por lo tanto, en este caso las personas también deben someterse a las autoridades de su iglesia.

¿Por qué es importante consultar a las autoridades religiosas? porque solo cuando un divorcio es legítimo entonces un segundo matrimonio es legítimo. Dicho de otro modo mucho más práctico: si mi líder religioso me autorizó a solicitar un divorcio, entonces mi líder religioso está también en competencia de celebrarme un segundo matrimonio. Si mi líder religioso no estuvo de acuerdo con mi divorcio, pues él no está en la obligación de casarme una segunda vez.

Las personas que asisten a la Iglesia Católica ya saben que existe una regla general, y es que el divorcio no es permitido bajo ninguna circunstancia. No es la intención de este artículo desvirtuar ni desvalorar la autoridad a la Iglesia Católica Romana, de modo que si usted ha decidido ser católico, entonces debe someterse a la autoridad de dicha institución y hacer lo que ellos digan. Por otro lado, si usted pertenece a una línea de cristianismo diferente y ha escogido una iglesia a la cual asistir, entonces usted debe consultar a los dirigentes de la iglesia a la cual usted pertenece para conocer su postura respecto al divorcio.

Por último, usted tal vez ya se divorció sin saber nada de esto, y lo hizo sin consultar una autoridad religiosa. ¿Qué hacer entonces?, pues primero que nada no se olvide de la Fe: todo ocurre porque Dios así lo quiere y todo es para bien. La Biblia dice que un pichón no cae al suelo sin que el Señor lo permita, ¿será posible entonces que dos personas disuelvan su matrimonio sin que Dios lo permita?. Por supuesto que no, si usted se divorció fue porque Dios lo permitió, y lo permitió para bien. Lo que puede hacer ahora es, nuevamente, aproximarse a su iglesia y a su líder religioso para solicitar una guía de qué hacer.

Conclusiones

Hemos descubierto algunos puntos muy interesantes en relación al tema del divorcio, los cuales enlistaremos a continuación:

  • La Biblia sí permite el divorcio.
  • En el tiempo de Jesús se asumía que el divorcio era permitido, lo que se debatía era cuándo era permitido y cuál era un motivo válido para divorciarse.
  • Jesús nos enseña que el matrimonio fue hecho para perdurar y no para ser disuelto, sin embargo él mismo nos menciona la infidelidad conyugal como un motivo válido para divorciarse.
  • Al casarse el hombre y la mujer se vuelven una sola carne, por lo tanto divorciarse equivale a amputarse un miembro, de modo que la decisión de divorciarse debe verse de esa manera.
  • Si usted está considerando el divorcio, acérquese a la iglesia a la cual usted ha decidido asistir y consulte los líderes a los cuales usted ha decidido escuchar, y siga las indicaciones que ellos le den, haga lo posible por salvar su matrimonio y recurra al divorcio como última opción cuando sus líderes así se lo hayan indicado.

Desmintiendo el mito del yugo desigual

Yugo desigual - ave y pez enamorados

El mito cristiano de la relación en yugo desigual

Todos hemos escuchado alguna vez hablar del famoso “yugo desigual” en las relaciones de pareja, principalmente se habla de “yugo desigual” en los noviazgos. Pero, ¿es eso del “yugo desigual” un principio bíblico real? ¿o es solamente una invención cristiana para desaprobar las relaciones con personas con creencias diferentes?.

Establezcamos algo básico: la Biblia NUNCA habla sobre noviazgo. ¿Por qué?, porque el noviazgo moderno como nosotros lo conocemos simplemente no existía en tiempos bíblicos. De hecho, el matrimonio como nosotros lo conocemos tampoco existía, por ejemplo: si leemos la historia de Isaac y Rebeca veremos que simplemente dice que Isaac llevó a Rebeca a su tienda y la amó, y a partir de ese momento el texto bíblico habla de Rebeca como la mujer de Isaac: sin ceremonias, sin vestido blanco, sin votos, sin arras y sin arroz. Por consiguiente, en ninguna parte encontraremos ninguna indicación explícita sobre cómo debería ser un noviazgo desde un punto de vista bíblico. Por lo tanto, es nuestro trabajo tratar de definir a la luz de los principios bíblicos cómo debería ser un noviazgo. Así que aclarado eso, comencemos nuestro análisis

Comencemos por el principio – el significado literal del texto

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas?” – 2a Corintios 6:14 RVR95

Este pasaje es el que da origen a toda la teología de prohibir relaciones entre personas de distintas creencias, las famosas “relaciones en yugo desigual”. Sin embargo, leamos el texto despacio, especificamente la primera frase:

“No os unáis en yugo desigual con los IN-CRÉ-DU-LOS…”

La segunda carta a los Corintios, fue escrita en griego. En esta frase, la palabra utilizada para “incrédulos” es la palabra “apistos”, compuesta por el prefijo “a” que significa “ausente de” o “carente de” y la palabra “pistos” que significa “creyente” o “fiel”. La palabra “pistos”, junto con la palabra “pistis”, son utilizadas en la Septuaginta (la antigua traduccion al griega del Antiguo Testamento) para traducir la palabra hebrea “emunah” que significa “confiar en el Creador”. ¿Cuál es entonces el significado literal de esta primera frase?, significa no unirse en yugo desigual con personas carentes de Fe, personas que no poseen confianza en el Creador, o dicho en palabras modernas: personas que no creen en Dios.

Como bien sabemos, una de las aplicaciones mas populares del principio de “yugo desigual” es desaprobar la relación entre católicos y evangélicos, o cualquier otra combinación de cristianos de distintas líneas. Sin embargo, aunque las distintas líneas de cristianismo difieren en algunos puntos especificos, todos creen en el mismo Dios, todos creen en Jesús, y todos creen en la Biblia (aunque no estén de acuerdo sobre cómo interpretarla y por consiguiente en como aplicarla en la práctica). Por lo tanto el texto de 2da de Corintios no se refiere a relaciones entre creyentes de una línea de cristianismo y creyentes de otra línea, partiendo del significado literal del texto, el principio de “yugo desigual” sería aplicable solo a relaciones entre creyentes y no-creyentes, osea entre cristianos y ateos.

Por otro lado, la expresion “unáis en yugo desigual” es también muy interesante desde el punto de vista linguístico. En el original en griego, una sola palabra se ocupa para toda la frase “unáis en yugo desigual” y es la palabra griega “heterozugeo”, que es un verbo y etimológicamente significa “heteros = diferente” y “zugos = yugo”, osea “diferente yugo”. No existe ninguna palabra individual en español con la cual podamos traducir ese verbo, para traducirla siempre es necesario utilizar más de una palabra, y podría traducirse algo así como “enyugar diferentemente”. Además esa palabra tiene otra peculiaridad, y es que no es utilizada en ninguna otra parte del Nuevo Testamento ni de la Septuaginta, cosa que sería muy útil para darnos una idea de qué otra manera es utilizada esta palabra. Sin embargo, podemos hacer algo más: podemos buscar palabras similares y ver cómo estas otras palabras son utilizadas en la Biblia, pero eso lo dejaremos para más adelante pues servirá para otro punto que veremos después.

El contexto de la carta a los Corintios

Primero que nada resaltaremos algo obvio: el contexto. ¿A quién le escribió Pablo estas palabras?. Estas palabras están en la segunda carta que el apostol Pablo dirigió a la comunidad de creyentes en la ciudad griega de Corinto. Esta comunidad era muy peculiar, pues era una comunidad mixta, es decir que habían judíos y gentiles (osea, no judíos), en esta comunidad había gran abundancia de dones espirituales, pero había también toda clase de problemas como división, falsas doctrinas e inmoralidad sexual. Uno de los problemas en esta comunidad era la exposición a las prácticas idólatras, pues recordemos que Corinto era una ciudad griega, en esta comunidad había griegos, y la cultura griega era politeísta e idólatra. Por ejemplo, en el capitulo 8 de la primera carta a los Corintios Pablo habla sobre el comer alimentos sacrificados a los ídolos.

Si leemos un poco más del capítulo 6 de la segunda carta a los Conrintios encontraremos las siguientes palabras:

“Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el TEMPLO DE DIOS y los ÍDOLOS? […]” – 2a Corintios 6:15-16 RVR95

Como vemos, el mismo texto que comienza hablando de yugo desigual prosigue a hablar de no mezclar las cosas de Dios y a los ídolos. Recordemos nuevamente: la comunidad de Corinto era una comunidad mixta. En dicha comunidad con seguridad había personas que intentaban encontrar un equilibrio entre las prácticas idólatras y los mandamientos de Dios, o como lo llamamos nosotros modernamente, “sincretismo”. Sin embargo, en el Antiguo Testamento se menciona una, y otra, y otra vez, que no se deben adoptar las prácticas ni las costumbres ni los ídolos de otras naciones, ni apartarse de los mandamientos de Dios, y justamente a eso se refiere Pablo en los siguientes versículos.

” […] Y vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
«Habitaré y andaré entre ellos;
yo seré su Dios
y ellos serán mi pueblo.»
Por lo cual,
«Salid de en medio de ellos
y apartaos, dice el Señor,
y no toquéis lo impuro;
y yo os recibiré
y seré para vosotros por Padre,
y vosotros me seréis hijos e hijas,dice el Señor Todopoderoso.»”
– 2a Corintios 6:16-18 RVR95

Como podemos ver, el contexto del pasaje en cuestion nos indica que Pablo no se refería a relaciones de pareja cuando habló sobre “no unirse en yugo desigual”, se refería a no mezclar las cosas de Dios con las cosas paganas.

¿De dónde desciende Jesús?

Continuando nuestro análisis, tocaremos otro punto importante y es en relación a la ascendencia de Jesús. Si revisamos la genealogia de Jesús en Mateo, veremos que es mencionada una pareja: Booz y Rut:

“Salmón engendró, de Rahab, a Booz, BOOZ ENGENDRÓ, DE RUT, a Obed, y Obed a Isaí. Isaí engendró al rey David. El rey David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón.” – Mateo 1:5-6 RVR95

¿Qué cuenta la historia del libro de Rut? Rut era una moabita, se casó con un hombre hebreo hijo de una mujer hebrea llamada Noemí y luego enviudó. Enviudó también Noemí y Rut se fue con ella a Judá, específicamente a Belén. Estando ahí, Rut se casó con un pariente hebreo de Noemí llamado Booz. De la unión de Booz y Rut descienden el Rey David y posteriormente Jesucristo.

Si recordamos, Moab era uno de los pueblos enemigos de Israel. Sin embargo, Booz siendo hebreo decidió tomar como esposa a Rut la moabita. El texto no indica que Rut se haya convertido al judaísmo cuando Booz decidió tomarla por esposa, pues cuando Booz decide tomarla por esposa el texto aún se refiera a ella como “Rut la moabita” (Rut 4:10).

Ésta es una relación que modernamente muchos líderes cristianos le colocarían la etiqueta de “relación en yugo desigual”. En otras palabras: entre los ancestros de Jesús hubo una pareja en “yugo desigual” llamados Booz y Rut la moabita. Además, revisemos que hizo Rut antes que Booz la tomara como esposa:

“Cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estaba contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Un rato más tarde vino ella [Rut] calladamente, le descubrió los pies y se acostó. A la medianoche se estremeció aquel hombre, se dio vuelta, y descubrió que una mujer estaba acostada a sus pies.” – Rut 3:7-8 RVR95

El texto habla por sí solo, no es necesario explicar qué fue lo que hizo Rut. Los líderes cristianos modernos desaprueban relaciones de pareja por muchísimo menos que eso. Sin embargo, la Biblia relata esta historia, y de dicha relacion desciende el Mesías, ¿quiénes somos nosotros para desaprobar dicha relación?, o siendo aún más drásticos, ¿quiénes somos para desaprobar cualquier relación en lo absoluto?. Por otra parte, el libro de Rut indica que ella era una mujer justa, conocedora y practicante de los mandamientos de Dios; y eso sí es muy importante: el Mesías desciende de personas justas.

Referencias cruzadas: revisemos otros pasajes

“A los demás yo digo, no el Señor, que si algún hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no es creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone, porque el marido no creyente es santificado por la mujer; y la mujer no creyente, por el marido. De otra manera vuestros hijos serían impuros, mientras que ahora son santos. […].
¿Qué sabes tú, mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, marido, si quizá harás salva a tu mujer?” – 1a Corintios 7:12-14,16 RVR95

Este pasaje, dicho por el mismo apostol Pablo, dirigido a la misma comunidad en Corinto, habla de forma explícita sobre las relaciones de pareja entre creyentes y no creyentes. ¿Qué dice este pasaje sobre estas relaciones?, dice que NO se separen. Este pasaje por sí mismo es casi suficiente para derrumbar la teologia que prohibe las relaciones en “yugo desigual”. Además, no es el único pasaje que habla de ese modo, revisemos lo que dice el apostol Pedro en su primera epístola universal:

“Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos NO CREEN en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa.” – 1a Pedro 3:1-2 NVI

Este pasaje sería digno de hacerle un estudio aparte, con énfasis en la expresión “Así mismo” (que indica que el hombre también tiene una autoridad a la cual someterse) y la palabra “sométanse” (que se podría traducir e interpretar de otra forma) pues su mala interpretacion ha llevado a despreciar el rol de la mujer en las comunidades de creyentes. Sin embargo, y sin profundizar demasiado en el texto, veamos lo que dice: que las esposas se sometan a sus esposos y con especial razón cuando no son creyentes, pues la conducta de ellas puede ayudar a ganar a sus esposos. Nuevamente, otro pasaje bíblico que habla explícitamente de relaciones entre creyentes y no-creyentes, y nuevamente no los invita a separarse.
Ahora, un predicador en pro de la teología de prohibir las relaciones en yugo desigual diría que estos pasajes aplican solo a parejas casadas, no a noviazgos. Muy bien, veremos ese punto a continuación.

¿Qué hacemos con Cantar de los Cantares?

Como ya vimos, en la primera carta a los Corintios capitulo 7 y en la primera epístola universal de Pedro capítulo 3, se habla de modo explícito de relaciones entre creyentes y no creyentes, y en ambos casos los apóstoles exponen la misma idea: no deben separarse. Aquellos en pro de la prohibición de relaciones en yugo desigual dirán que esos pasajes aplican solo a parejas casadas, dirán que eso aplica cuando ya existe una pareja casada, cuando uno de ellos se convierte y que entonces no deben separarse, y dirán que ese principio no aplica a noviazgos.

Muy bien, como ya dijimos antes, la Biblia no habla de noviazgo. Pero hay algo que sí podemos encontrar en la Biblia, y es que nos habla de parejas que no están casadas (recordando que bíblicamente “casado” significa una pareja que viven juntos). ¿Quieren que hablemos sobre parejas en la Biblia que no están casadas?, muy bien, hablemos de la pareja de Cantar de los Cantares.

“Ah, si fueras mi propio hermano,
criado a los pechos de mi madre!
Al encontrarte en la calle podría besarte,
y nadie me juzgaría mal.
Tomándote de la mano,
te llevaría a la casa de mi madre,
y me enseñarías el arte del amor.
Te daría a beber vino con especias,
y el néctar de mis granadas.”
– Cantares 8:1-2 NVI

Para quienes no han leído con atención este documento, Cantar de los Cantares es un poema de amor erótico entre un hombre y una mujer, este poema nunca sugiere que esta pareja esté casada, por el contrario el poema indica que esta pareja tiene un amor oculto (como lo indica el pasaje citado, ella no lo puede besar en público), esta pareja tiene encuentros secretos para consumar sus actos de amor, y algo muy importante: este poema nunca menciona a Dios de modo explícito.

Pregunta: ¿qué dirían la mayoría de líderes cristianos modernos sobre un noviazgo como la relación descrita en Cantar de los Cantares?. Definitivamente, la mayoría estaría en contra de una relación de noviazgo así. Sin embargo, Dios le da su bendición a esta relación, ¿cómo lo sabemos?, por el simple hecho que este poema de amor está incluido en la Biblia. Aunque, por otro lado, esta relación tiene características indudablemente buenas, como el hecho de que ésta es una relación exclusiva como se indica al final del poema:

“Salomón tenía una viña en Baal Jamón,
que dejó al cuidado de aparceros.
Cada uno entregaba, por sus frutos,
mil monedas de plata.
¡Quédate, Salomón, con las mil monedas,
y ustedes, aparceros, con doscientas,
pero MI VIÑA SÓLO A MÍ ME PERTENECE!”
– Cantares 8:11-12 NVI

Además, aunque el poema nunca habla explícitamente de Dios, sí hace una referencia sutil a la divinidad al comparar dicho amor con las cosas divinas, con aquellas cosas que vienen de Dios.

“Grábame como un sello sobre tu corazón;
llévame como una marca sobre tu brazo.
Fuerte es el amor, como la muerte,
y tenaz la pasión, como el sepulcro.
Como llama DIVINA
es el fuego ardiente del amor.”
– Cantares 8:6 NVI

Sin embargo, ¿a qué viene mencionar el Cantar de los Cantares con el tema del yugo desigual?. Pues este poema demuestra que Dios no es rígido ni legalista y que puede darle su bendición a una relación de pareja que nosotros quizás etiquetaríamos de inapropiada según nuestras propias concepciones personales de cómo creemos que deberían ser las relaciones de pareja. Obviamente, nunca deberíamos aconsejarle a una pareja de novios actuar como esta pareja de Cantar de los Cantares, pues también hay partes de la Biblia que indican que la intimidad es para el matrimonio. Pero, nuevamente, las cosas no son blanco y negro a los ojos de Dios.

Concepto versus Acción

En este punto quizás alguien se este preguntando: “¿Entonces está equivocada toda la idea de la relación en yugo desigual? ¡no puede ser! ¡yo conozco casos en donde se aplica a la perfección!”.

No, la idea de la relación en yugo desigual es de hecho muy válida. Al trascender del significado literal del texto en 2Cor.6:14 y pasarnos al nivel de la enseñanza, podemos obtener un principio muy práctico, pero es muy importante definir cómo y cuándo es válido este principio.

Para comenzar, debemos dejar de pensar en función al “concepto” y comenzar a pensar en función a la “acción”. ¿Por qué debemos hacer eso?, porque el pensamiento hebreo bajo el cual fue escrito la Biblia es orientado a acciones, no a conceptos. Tal vez alguien se muestre excéptico ante dicha idea, y que no es posible demostrarla simplemente citando un versículo bíblico, pues este hecho se descubre cuando se comienza estudiar griego y hebreo, y se descubre que el griego es un lenguaje orientado a los conceptos mientras que el hebreo es un lenguaje orientado a la acción. Nuestra mentalidad occidental es más similiar al pensamiento y leguaje griegos: orientado a conceptos; por eso es que a veces nos cuesta tanto entender algunas ideas que dice la Biblia. Por ejemplo: el amor. Para nosotros, el amor es un concepto, es un sentimiento, es “algo” que se siente, es “algo” difícil de explicar porque para nosotros solo se entiende cuando se siente. Pero en el pensamiento hebreo el amor es una acción, es algo que se practica, algo que se vive. Cuando Jesús dice que debemos amar a nuestros enemigos, eso nos vuelve locos a los pensadores occidentales, pues ¿cómo haré para amar a mi enemigo? ¿cómo podría yo sentir por mi enemigo ese bonito sentimiento llamado “amor”?, simplemente no se puede. Pero Jesús pensaba como hebreo, de modo que cuando él dijo que amáramos a nuestros enemigos, él se refería a una acción, algo que debemos hacer, algo que debemos practicar, en otras palabras: Jesús dijo que debíamos hacerle el bien a nuestros enemigos, hacer por nuestros enemigos aquellas cosas buenas que hacemos por quienes amamos; a eso se refería Jesús. Como vemos, la idea de “amar a nuestros enemigos” como una acción, como “hacerles el bien”, es mucho más fácil de asimilar que el concepto de “sentir sentimientos bonitos por mis enemigos”.

Ahora, volviendo al tema del yugo desigual, la idea sí es válida, pero si la entendemos como una acción. Ilustrémoslo con un ejemplo: una pareja se casa, uno de ellos es creyente y el otro es ateo, al poco tiempo tienen hijos, comienzan a educarlos, y con el paso de los años surge el problema de que la persona creyente desea llevar a los hijos a la iglesia mientras que la otra persona les dice “No, Dios no existe”. Ese es un caso PRÁCTICO de yugo desigual, pues la persona creyente dice una cosa, la persona no creyente dice otra, cada uno tira por su lado y no son capaces de realizar la tarea común de la crianza de los hijos.

En eso consiste lo que sería un “yugo desigual”, la incapacidad de desempeñar una tarea común. Por otro lado, el “yugo igual” sería la capacidad de desempeñar eficientemente una tarea común. Para demostrar este punto, volveremos a la parte lingüística que habíamos dejado pendiente. ¿Recuerda la palabra griega “heterozugeo” que mencionamos anteriormente?, dicha palabra no se utiliza en ninguna otra parte del Nuevo Testamento ni de la Septuaginta, por lo cual no podemos saber qué otros usos se le daban. Sin embargo, hay otra palabra que podría considerarse el antónimo de “heterozugeo” y es la palabra griega “suzeugnumi” que también es un verbo y viene de las raíces “sun=con, unión” y “zeugos = yugo”, significa “enyugarse” o “unirse en yugo”. Ésta palabra es utilizada por Jesús, casualmente cuando estaba hablando de las relaciones de parejas:

“Por tanto, lo que Dios JUNTÓ, no lo separe el hombre.” – Marcos 10:9 RVR95

Esta cita puede hacernos pensar que esta palabra es utilizada exclusivamente para referirse a relaciones de pareja, pero aparece también en la Septuaginta (que es más antigua que el Nuevo Testamento) en Ezequiel 1:11 y 1:23, para referise a la unión de las alas de los cuatro seres de la visión de Ezequiel. Por lo tanto, esta palabra “suzeugnumi” nos sugiere una unión funcional, ¿para qué? para desempeñar una tarea común.

Éso sería una relacion en “igualdad de yugo”: una relación funcional en la cual los integrantes de la relación son capaces de desempeñar las tareas comunes de la relación. En contraposición, una relación en “yugo desigual” sería lo contrario: una relacion no funcional, disfuncional o poco funcional, en la cual los integrantes de la relación no están de acuerdo en cómo desempeñar las tareas comunes dentro de la relación.

Una vez que hemos definido esto, todo se vuelve más claro. Una relación en yugo desigual es simplemente aquella relación que no es funcional. ¿Queremos saber si una relación está en yugo desigual?, basta con hacernos la siguiente pregunta: ¿la relación es funcional, sí o no?. Eso significa: ¿están de acuerdo cómo manejarán las finanzas? ¿están de acuerdo en cómo criarán a sus hijos? ¿están de acuerdo en cómo manejarán las prácticas de Fe dentro del hogar?. Obviamente ninguna relación es perfecta, todas las relaciones tienen sus altos y bajos, pero a pesar de eso hay relaciones que consiguen ser funcionales. Recordemos en este momento esas relaciones de pareja que hemos conocido que consideramos que ejemplifican la idea de la relación en yugo desigual, y nos daremos cuenta que había algo en esas relaciones que no funcionaba correctamente.

¿Por qué es importante esto?, porque cuando tenemos la idea de que el “yugo desigual” es un concepto, entonces pensamos en “yugo desigual” como “la unión entre un católico y un evangélico” (o algo parecido), y nos quedamos simplemente en el concepto, y atacamos el concepto, e incluso discriminamos a aquellas relaciones que entren dentro de ese concepto, y nos olvidamos completamente de la ACCIÓN, osea de si esa relación funciona o no, que al final es lo importante. También es importante porque podríamos aprobar una relación que consideramos en “igualdad de yugo” entre dos personas de la misma religión, que van a la misma iglesia, que tienen el mismo tiempo de congregarse, que trabajan en un mismo ministerio, que tienen la misma edad, y que sus familias aprueban la relación; pero que tienen una relación caótica, porque sus personalidades no se complementan, no están de acuerdo sobre cómo se manejan las finanzas, sobre a cuál colegio es bueno para enviar a los hijos, sobre cuál es una alimentación apropiada. Una relación así, aunque sea entre dos creyentes, es una relación en yugo desigual, ¿por qué? porque no es una relación funcional, es una relación en la cual no se está cargando de forma eficiente el yugo de las tareas que implican una relación de pareja.

Conclusiones
En este punto, quizás el título del artículo ya no parezca apropiado, pues en realidad no se desmiente el concepto del yugo desigual sino que simplemente se le ha dado un cambio de enfoque. Lo que se desmiente es la idea de que una persona debe despreciar una potencial pareja simplemente porque es de otra religión u otra iglesia, y hemos establecido que en lugar de eso lo que sí es un buen motivo para desechar una potencial pareja es la poca funcionalidad de la relación. Por lo tanto, aquí hay algunas conclusiones:

  • El principio de la relación en yugo desigual es válido, pero es MUY importante entender que debemos enfocarlo a la acción, no al concepto. Que una persona católica y una evangélica sean pareja no implica que exista un yugo desigual, podría haberlo, pero es necesario ver cómo funciona la relación para determinarlo.
  • No se puede hablar de yugo desigual entre dos personas que nunca han tenido una relación. ¿Cómo se podría saber si hay un yugo, sea igual o desigual, si nunca han realizado juntos las tareas comunes que conllevan una relación?
  • Como lo vimos en los casos de Booz y Rut, y la pareja de Cantar de los Cantares, Dios es misericordioso y él bendice relaciones de pareja que a nosotros podrían parecernos inapropiadas. Debemos ser menos críticos, menos discriminativos y no juzgar relaciones de pareja con las que no estamos de acuerdo; quien sabe y tal vez Dios sí las bendice.
  • ¿Estás buscando pareja?, no te enfoques en buscar a alguien de la misma religión o iglesia para estar en “igualdad de yugo”. Bíblicamente hablando, busca una persona justa, así como Booz escogió a Rut la moabita. En cuanto a lo práctico, busca una persona que te complemente y con quien puedas tener una relación funcional.